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Un Cuate bien Cuate

Por: Juan de Dios Castillo Jr.

El pasado 1 de mayo se cumplieron dos años del fallecimiento de mi padre, conocido por todos mis hermanos catrachos como el “Cuate” Castillo. Hoy quisiera dedicar esta columna a mi querido padre, hombre íntegro, honrado, profesional, bromista, cariñoso, siempre con palabras de aliento, de respeto y amor. Aún y contra quienes lo atacaban o le deseaban lo peor, él siempre en las buenas y en las malas les bendecía y agradecía a Dios por cada momento vivido.

Pero no quiero convertir esta columna en algo triste o melancólico, porque sería imposible hablar de mi padre sin hablar también de fútbol. Entrañables discusiones, charlas, anécdotas de fútbol que tuve el privilegio de compartir con él y con sus compañeros de trabajo, recuerdo acompañarlo a las canchas del América en Coapa y verlo tomarse un café con Leo Benhakker y escucharlos charlar de fútbol por horas, así me pasó con encuentros o veladas con gente del calibre del “Tolo” Gallegos, César Luis Menotti, Miguel Mejía Barón, Manuel Lapuente, Marcelo Bielsa, Ricardo Lavolpe. Recuerdos que estarán conmigo hasta mi último respiro.

Así como también escucharlo orientar y aconsejar a sus jugadores, algunos en etapas jóvenes como Oswaldo Sánchez, Duilio Davino, Aarón Galindo, Ricardo Osorio, y muchísimos más, la lista es interminable. Lo increíble de mi papá es que el aconsejaba a sus pupilos de la misma forma en la que lo hacia conmigo y mi hermano, los trataba con el mismo respeto, les hacia las mismas bromas, caray hasta los mismos abrazos y ¡amor hacia ellos! Pero eso era por que el trataba a todos por igual desde el más humilde utilero hasta el presidente de un equipo o empresarios adinerados. El no veía color, raza, posición económica ni nada. Muchos no saben, pero cuando mi papá no tenía trabajo la mayoría de las veces dirigía equipos de niños en Monterrey. En alguna ocasión se ofreció a ayudar al equipo de primaria donde militaba su nieto, Ethan Castillo y de manera gratuita.

El entrenador era un conserje/guardia del colegio de nombre Gamaliel, cuando mi viejo se acercó a preguntarle si podría ayudarlo, “Gama” le contestó que era mi papá el que debería de ser el entrenador para lo que mi padre respondió; no “Gama” aquí el único entrenador eres tú, yo solo vengo a ayudarte en lo que necesites. Así era mi viejo, un ser muy humilde y esto me lleva a hablar de la única cosa que le apasionaba más a mi padre aparte de su familia y el fútbol……Dios. Un apasionado de Jesús, siempre buscaba la oportunidad de mostrar y compartir el amor de Cristo a través de sus acciones, de sus palabras y consejos, etc.

Dije en un principio que me gustaría dedicar esta columna a mi padre, pero la realidad es que él ya no esta aquí presente con nosotros, sí, nos queda su recuerdo y legado. Es por eso que realmente esta columna la quiero dedicar a la persona que él amó más que a nadie en esta tierra, la que fue su confidente y fiel compañera por todos los años de su vida adulta; mi madre. La mujer que ayudó a que mi padre fuera el hombre que fue, la que lo bajaba de sus nubes más rápido que cualquier otro árbitro o entrenador rival, la que le acompañaba en las noches de insomnio antes de los juegos, la que lo siguió a todos los lugares donde el tuvo que ir a dirigir. Esta columna es para ti Madre (Nany). Por que gracias a ti y a tu amor incondicional es que nuestra familia salió adelante, por que tu fortaleza y amor fue la que le inyectó de ánimos a mi papá en sus retos más difíciles. Por que nunca, nunca te separaste de él en los momentos de dolor y tristeza. Siempre has estado ahí para nosotros tus hijos, nietos, sobrinos, familia y amigos. Tu Nany te mereces los aplausos y estoy seguro que mi papá más que nadie está más que de acuerdo conmigo.

Madre, te amamos mucho. Tú siempre portaste la “10” en la casa con mucho amor, esa camisa es tuya para toda la vida, hasta que te encuentres de nuevo con tu flaco adorado. Feliz día de las madres…

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