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Y el árbitraje venció a Goliat

Se nos volvió costumbre. El último “trabajo” encomendado a la terna arbitral encabezada por Armando Castro dejó en evidencia que Honduras cuenta con uno de los peores arbitrajes del área, tal y como se manifiesta en importantes competencias internacionales, donde los nuestros no son tomados en cuenta ni para “relleno”.

En el anterior juego de la gran final, y sin querer restarle méritos a un combativo Honduras de El Progreso, merecido campeón hondureño, la Liga Nacional decidió nombrar como jueces a Castro, Omar Leiva , Edwin García y Héctor Rodríguez, como acompañantes: Resultado de esto un desastre arbitral que terminó perjudicando al Motagua.

Pero la culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre, ya que Castro se dejó llevar por la mediocridad de su línea Omar Leiva, quien evidenciando un alto grado de “ceguera” o en su defecto, pánico escénico, invalidó una jugada legítima que terminó en gol.

Sumado a esto y por si no fuera suficiente, el mismo Leiva quien al ver en “aprietos” al conjunto local, decidió convertirse en “gran protagonista” haciendo expulsar al motagüense Eddie Hernández, esto lógicamente acabó con el ímpetu del equipo visitante, quien perfectamente pudo sellar su suerte en los 90 minutos, de no ser por los acostumbrados desaciertos del arbitraje nacional.

No soy seguidor de Motagua, mucho menos del Honduras Progreso, pero creo que esta inusual batalla de la gran final, entre uno de los “chicos” contra otro de los denominados “grandes”, hubiese sido una inolvidable fiesta deportiva, sin necesidad de una “mano peluda” que ya es frecuente , sobre todo cuando los juegos se realizan fuera de la capital.

Lo cierto es que la batalla final celebrada en el estadio Humberto Micheletti me deja con cierto grado de amargura, ya que en esta ocasión no fue David, sino que el arbitraje quien venció a Goliat.

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