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Vivamos el clásico en paz

El plan de ir al estadio en familia los domingos por la tarde se había vuelto popular, una distracción de las pocas que hay en la capital y más cuando es un Olimpia-Motagua. Pero eso dejó de ocurrir hace mucho tiempo, la familia tiene miedo de ir a los clásicos en donde casi siempre, antes, durante y después de los mismos suceden hechos violentos que la mayoría de las ocasiones terminan en tragedias.

Hemos llenado páginas tras páginas en LA TRIBUNA cada vez que ocurre un acto de violencia en el clásico, reportajes, análisis y entrevistas muy vehementes en contra de la violencia en los estadios. En lo personal he asistido a reuniones en donde los cabecillas de las barras acuden a estas con caritas de “yo no fui”, casi al borde del llanto, arrepentidos, clamando por otra oportunidad… La que siempre les dan. Las autoridades de nuestro fútbol se hacen los preocupados, fruncen el ceño y juran que “nunca más” volverá a suceder, y otra sarta de promesas estilo candidato presidencial. La Policía es otra que le echa la culpa a las barras y las barras a la Policía, y al final ¡No pasa nada!

Los periodistas deportivos también somos culpables, ya que somos los responsables en la exacerbación de los sentimientos del seguidor de un equipo de fútbol.

Como también sucede en la política, el periodista deportivo (con excepciones) asume un bando de manera militante, en idéntica situación a un barrista, esto no debe ocurrir en aras de la ética.

Los jugadores y técnicos también “calientan” los clásicos con frases hirientes y provocativas para uno y otro bando; los únicos que se salvan en todo esto son los aficionados de corazón y de sentimiento, por ellos, vivamos el clásico en paz.

Por: Marcial TORRES XATRUCH
@marcialxatruch

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