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Boxeo

Los demonios superados de Ricky Hatton

En el boxeo, como en muchos otros deportes, aunque no sea frecuente, hay atletas de talla mundial que no pueden aguantar la presión y caen víctimas del abuso de drogas y de la depresión. (CORTESÍA EURO SPORT)
Antes que el ya excampeón del peso pesado Tyson Fury, otra leyenda pugilística también de Manchester, también sufrió con este tipo de problemas pero consiguió salir adelante. Se trata de Richard John Hatton, más conocido como Ricky “The Hitman” Hatton, campeón del mundo del peso superligero y del peso wélter.
Son incontables los boxeadores que han sido capaces de paralizar países enteros y hacer vibrar con sus peleas, pero Ricky Hatton era algo especial, con una vida llena de subidas y bajadas, fue el boxeador británico más popular de los últimos tiempos y quizá de toda la historia.
Cuando Hatton fue a Las Vegas a pelear contra Floyd Mayweather, los comentaristas de HBO no daban crédito de la cantidad de aficionados que cruzaron el charco para animar a su ídolo. Más de 35.000 personas hicieron el viaje a La Ciudad del Pecado para animar, con su entusiasmo y sus ganas de juerga tan características de los aficionados ingleses. Fue en esta ocasión, cuando los fanáticos de Hatton agotaron las reservas de cerveza del lujoso MGM Grand por primera vez en la historia. Como luego dirían los dueños del hotel, nunca ganaban tanto dinero en un evento deportivo como cuando peleaba el púgil de Manchester.

Su popularidad se basaba en gran parte, además de en su emocionante estilo de pelea, en su personalidad, poniendo siempre a sus fans ante todo. Era muy fácil que se mezclase con sus aficionados, amigos y vecinos de su barrio de Manchester porque era como uno de ellos. De hecho, a pesar de tener la cara amoratada y marcada por una cruenta guerra, siempre se le veía en la fiesta post-combate bebiendo pintas de cerveza. En una ocasión, después de vencer a Carlos Maussa, le tenían que coser los cortes que tenía en las cejas pero cuando los doctores iban a administrarle la anestesia y le dijeron que no podría beber alcohol esa noche, prefirió que se lo cosieran sin anestésicos para poder irse de fiesta con sus aficionados. También atraía a grandes personalidades del mundo del cine, del fútbol y demás celebridades como Tom Cruise, David Beckham, Brad Pitt o Wayne Rooney.

Ganó su primer título del mundo contra el gran campeón Kostya Tsyu en 2005, haciendo que el ruso asentado en Australia se retirara en su banqueta. Esta victoria le valió para convertirse en el primer boxeador inglés en ganar el título de peleador del año por la BWAA (Asociación de escritores de boxeo de América), e hizo que el Hitman le empezasen a salir ofertas en los Estados Unidos. Tras boxear con Luis Collazo y con Juan Urango, peleó con José Luis Castillo al que noqueó en el 4º asalto con su característico hook al hígado. Tras esta impresionante victoria, se cerró el combate contra Floyd Mayweather, y ahí es cuando todo empezó a ir mal.

A pesar de que confesó que le gustó mucho la experiencia y se lo pasó muy bien en la previa del combate (las ruedas de prensa, el pesaje, el programa de HBO 24/7), la pelea no fue de acuerdo a sus planes, hizo una buena actuación pero al final Hatton se estaba frustrando intentando alcanzar a Money y en consecuencia dejaba mucho espacio para que Mayweather pudiese contragolpear y así es como llegó el final del combate. Hatton se lanzó a por su rival, que, con gran maestría, le contragolpeó con un croché de izquierda que le hizo chocar contra la esquina roja y caer a la lona. Se levantó pero tras otra tremenda izquierda de Floyd, Ricky no pudo mantener el equilibrio y acertadamente el árbitro detuvo el combate.

Poca gente lo sospechaba pero fue ahí cuando empezó la depresión de Hatton, que fue rematada con una fuerte discusión con sus padres, con los que todavía no se habla, un pleito jurídico con su entrenador de toda la vida, Billy Graham, y con el brutal nocaut que el filipino Manny Pacquiao le propinó en dos asaltos. La imagen de él mismo tendido en el suelo casi inconsciente le atormentaba y su vía de escape fue el alcohol y las drogas. Cogió mucho peso y frecuentemente tenía intenciones de acabar con su vida, hasta que llegó un punto en el que decidió cambiar, y dio un sorprendente anuncio al mundo: Ricky Hatton, después de tres años y medio retirado, iba a regresar al ring.

Usó el boxeo para redimirse de todos los demonios que le acechaban y el ucraniano Vyacheslav Senchenko, excampeón del mundo, fue el elegido para el regreso del ídolo británico. Estuvo más de cuatro meses entrenando de manera espartana, hasta lograr deshacerse de su sobrepeso, consiguiendo estar un una forma física impecable, casi mejor que cuando consiguió su primer título mundial siete años antes. Desgraciadamente, el regreso no fue como todos esperaban, el timing de Hatton no era el de antaño y a pesar de ponerle muchísimas ganas, en el 9º round Ricky fue derribado por un golpe al hígado del que no pudo recuperarse. Su regreso no había sido el esperado pero Hatton, en la rueda de prensa después del combate, anunció su retirada definitiva, aunque no le importaba. En sus ojos él ya había ganado. Había vuelto a ser una persona de la que la gente podía estar orgulloso. Ya no le daba vergüenza mirarse a la cara en un espejo y a todos esos demonios que le atormentaban ya no se les veía por ningún sitio.

Actualmente es entrenador y promotor de boxeo en su gimnasio de Manchester y el año pasado publicó un libro suyo sobre sus historias y anécdotas vividas en la ciudad de los casinos, que tantas alegrías y tristezas le había dado. Lo escribió, en parte, para dar a conocer sus aventuras en Las Vegas y de una vez por todas, aceptar lo que pasó y estar en paz con ello. Hizo una gira por el país para promocionarlo y firmar los libros (en la foto con un servidor). En todas las paradas de su tour se formaban colas casi kilométricas para conseguir una copia firmada.

Esperemos que la historia del ya excampeón del peso pesado, tenga un final tan feliz como la del Hitman, que tanta gloria dio al boxeo británico.

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