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El viaje de una joven refugiada de la guerra siria al fútbol austríaco (Video)

Viena.- “El fútbol es para hombres”, le decían a Maria Selo en su país, Siria, antes de que lo abandonara hace dos años huyendo de la guerra civil. Ahora, refugiada en Austria, avanza en su sueño de dedicarse a este deporte mientras juega en un equipo de la Segunda División.

Como cuenta a Efe, María nunca pudo jugar al fútbol en su país, ni siquiera “en el colegio”. Su contacto con el deporte que la hace “feliz” se limitaba a dar de vez en cuando unos pelotazos “dentro de casa” o a jugar unas partidas al Fifa en la vídeo consola.

“En Siria no solo es difícil jugar al fútbol como mujer sino que además cuesta encontrar información sobre el fútbol femenino. Cuando preguntaba a algún vecino o conocido siempre me respondía que el fútbol es para hombres”, lamenta la joven musulmana.

El comienzo de la guerra civil en Siria, la presión social, la falta de perspectivas tras entonces tres años de guerra, hicieron que María tomase en 2014 la decisión de abandonar su país.

Recorrió sola durante tres meses los más de 3.000 kilómetros que unen Damasco y Austria en busca de una vida mejor.

Tras escapar de una guerra de la que se desconocen las cifras exactas de muertes (se estiman más de 400.000), atravesó Turquía para posteriormente cruzar Europa por Bulgaria, Serbia y Hungría, esos mismos países que hoy blindan sus fronteras con alambradas de acero con la intención de evitar la llegada de refugiados como ella.

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Maria fue la primera de la familia en lanzarse a la llamada “ruta de los Balcanes”, camino que luego han seguido sus otros tres hermanos, entre ellos, el pequeño, de 16 años, con el que vive ahora en un apartamento en Viena.

Dos años entrenando han dado sus frutos y la joven delantera juega desde este verano en la Segunda División femenina de Austria, con el FC Altera Porta, un club de mujeres que promueve el fútbol para chicas a partir de los seis años.

“Maria tiene mucho margen de mejora y si sigue practicando como ahora puede llegar muy alto”, explica a Efe Markus Vinkovits durante un entrenamiento el entrenador del equipo.

Las palabras de su entrenador se ven reflejadas en el campo de entrenamiento, donde María pelea cada balón como si fuera el último con una sonrisa permanente.

Vinkovits destaca “la calidad técnica” de María en lo futbolístico y “su alegría, capacidad de integración y predisposición a ayudar a los demás” en lo personal.

Cuesta imaginar a esta chica de más de 1.80 metros de altura, que entrena en pantalón y camiseta de manga corta, obligada a vestirse, tal como cuenta que le ocurrió tras el comienzo de la guerra en Siria, con un vestido que ocultaba su cuerpo y cabello (niqab) de la vista de los hombres.


En el centro de refugiados de Altenmarkt, localidad al suroeste de Viena donde se encontraba antes de llegar a la capital, la joven siria conoció a un entrenador del club deportivo local, que le ofreció jugar al fútbol.

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Ahora, con casi 24 años, Maria sueña con llegar a la Primera División y poder debutar “algún día” con la selección de Austria, país que le concedió asilo y donde podría nacionalizarse.

En su condición de refugiada la joven da clases de alemán al tiempo que entrena para integrarse plenamente en la sociedad austríaca.

Su otro sueño es visitar la ciudad de Barcelona. Precisamente la pasión de la siria por el fútbol comenzó viendo por televisión, todavía en su país de origen, los partidos de su equipo y jugador favoritos, el FC Barcelona y Lionel Messi.

Comparando la situación de las mujeres en Europa en el deporte, para María “el problema en Siria es que la gente piensa demasiado en la religión”.

“Allí, es imposible para una mujer jugar al fútbol mientras que aquí nadie lo cuestiona”, se queja.

El papel de la mujer en los países musulmanes suele estar relegado a un segundo plano por legislación y presión social.

Por eso, la FIFA aprobó en 2014 el uso de velo en competiciones internacionales para promover así el balompié entre las musulmanas.

Maria describe a su familia, de origen kurdo, como “no fanática”. Hasta que las circunstancias obligaron a las mujeres a usar el niqab siempre le “dejaron elegir si llevarlo o no”, añade.

El contacto que tiene hoy desde Viena con sus padres en Damasco es habitual y a través de Internet.

Están esperando en la capital siria para ir a Austria cuando todos los hermanos obtengan el asilo.

Además, como cuenta Maria con gran felicidad, se sienten “muy orgullosos de que su hija se haya convertido en futbolista”. EFE

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