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Fútbol Internacional

¿Dónde está la camiseta de la Mano de Dios?

Cuando Steve Hodge se levantó el domingo 22 de junio de 1986, no tenía idea de lo que le esperaba. Al final del día, sería uno de los protagonistas de uno de los partidos más célebres de la historia de la Copa Mundial de la FIFA™. Y él se llevaría, además, un recuerdo legendario.

Aquel día, Inglaterra se enfrentaba a Argentina en cuartos de final del Mundial de México, en un encuentro enrarecido por la Guerra de las Malvinas, protagonizada por ambos países al principio de la década, en 1982. Todo apuntaba a que el capitán de la Albiceleste, Diego Armando Maradona, desempeñaría un papel decisivo en el choque que empezó a mediodía en el estadio Azteca. Nadie podía aventurar aún cuánto…

“Casi no me acuerdo qué hice aquella mañana”, confiesa Hodge en entrevista exclusiva con FIFA.com. “Creo que desayunamos antes de lo habitual y que tardamos una hora en llegar al estadio. Una vez allí, di un paseo por el terreno de juego y pensé en la suerte que tenía de estar allí y de poder jugar”.

“Regresamos a los vestuarios y me cambié. De fondo, se oía amortiguado el ruido de la gente que empezaba a pulular por el estadio: un fragor como de sirenas y pitos que procedía del exterior. Recuerdo que me fui a una sala que teníamos al lado a patear el balón contra una pared, para despejarme la cabeza. Cada jugador siguió su propio ritual. No necesitábamos hablar ni repetirnos que se trataba de un partido importante; todos lo sabíamos”, continúa.

El técnico Bobby Robson quiso que Inglaterra se centrara exclusivamente en sus propios preparativos, no en Maradona. Con un único gol encajado hasta el momento y dos victorias por 3-0 consecutivas, contra Polonia y Paraguay, Inglaterra llegaba con confianza a cuartos de final. Sin embargo, Hodge no se fiaba del Pibe de Oro, al que se había enfrentado dos años antes con el Nottingham Forest.

“Nuestro planteamiento se centraba sólo en nosotros”, explica. “No obstante, todos comprendíamos la necesidad de ayudar a los compañeros y de acumular hombres alrededor de Maradona siempre que fuera posible, para tratar de sacarlo del partido. Yo ya había visto cómo se crecía cuando lo marcaban de cerca, y cómo se las apañaba para que incluso los defensas más expertos parecieran estúpidos. Sabía que Maradona era lo nunca visto, por su asombrosa velocidad, su rapidez mental, su fortaleza y su agresividad. Se inventaba jugadas decisivas de la nada”.

De la “Mano de Dios”
Y así fue. Diego se inventó de la nada jugadas decisivas aquel domingo al mediodía. Bajo un calor sofocante, en un estadio Azteca a reventar, la primera parte, muy tensa, terminó sin goles. Seis minutos después de la reanudación, Argentina se puso por delante con una jugada famosa de la historia de los Mundiales, en la que Hodge tuvo un papel destacado.

“Maradona corrió en diagonal hacia el balcón del área, pasó en corto para Jorge Valdano y se adentró de forma extraña en el área, en busca de la pared”, recuerda Hodge con la imagen muy nítida en la memoria. “Pero resulta que se desvió ligeramente a la izquierda, para situarse frente al guardameta. Mientras tanto, en el momento en el que el pase llegaba a Valdano, yo me encontraba justo a su izquierda”.

Hodge, de espaldas, no había visto el desmarque de Maradona en el área. Logró cortar el centro de Valdano y cedió hacia atrás al arquero Peter Shilton, algo totalmente rutinario y permitido antes de que la modificación de la Regla 12 prohibiera la cesión al portero.

“Valdano se apoyó un poco en mí, pero el balón me botó muy bien en la zurda, mi mejor perfil, y lo enganché a la perfección. Era el toque que quería. Levanté el balón bombeado hacia atrás. Mientras lo lanzaba, no pensé en absoluto que podría causar problemas, porque no sabía dónde estaba Maradona. Desde el punto de vista del fútbol moderno, [aquel tipo de cesiones] se antoja una locura, pero en aquellos días se veía en todos los partidos”.

Lo que sucedió a continuación está borroso en su memoria. Tras esa cesión de Hodge, el balón terminó alojado en el fondo de la red. “Conforme la pelota entraba, pensé: ‘Por dios, ¿qué has hecho?’”, asegura Hodge. “Toqué el balón y, un segundo después, estaba dentro de la portería. Vi una melena negra, un encontronazo y el balón volando hacia dentro. Todo el mundo levantaba los brazos. Era todo muy raro. Cinco segundos después, Maradona estaba ya celebrándolo en el banderín de córner. Sabíamos que no había vuelta atrás, que el gol era válido. Diez segundos después, sólo nos quedaba pasar página y seguir adelante”.

Al “Gol del siglo”
A partir de ahí, Maradona pasó de la oscuridad a la luz, de la “Mano de Dios” a la magia divina. Hodge se encontraba cerca del 10 argentino al principio de lo que sería el gol más célebre de la historia de los Mundiales, que amplió la ventaja de los sudamericanos.

“Recuerdo que observé la situación pensando: ‘Tenemos a [Terry] Butcher, [Terry] Fenwick y Gary Stevens en la cobertura, tenemos al mejor portero del mundo [Shilton] y un campo en malas condiciones. Maradona tiene que correr 55 metros para llegar al arco’”, Hodge esboza una sonrisa. “No hay nada que temer”.

“Cuando el balón entró, exclamé para mis adentros: ‘Madre mía, increíble’. Como futbolista, ante tamaña exhibición de calidad y técnica, sólo puedes pensar: ‘Este hombre es de otro planeta’”.

Inglaterra recortó distancias con un tanto de Gary Lineker, pero no pasó de allí. La Argentina de Maradona se adjudicó el encuentro y celebró la victoria sobre la cancha con efusividad. Los ingleses abandonaron cabizbajos el terreno de juego.

“Me dije: ‘Nunca volveré a estar aquí. Tengo que conseguir una camiseta de recuerdo’”, continúa Hodge. “Estreché la mano de Maradona, pero sus compañeros se arremolinaban en torno a él. De manera que pensé: ‘Déjalo, no vale la pena’”.

La televisión detuvo al dorsal 18 de Inglaterra para una entrevista, mientras el resto de su equipo se encaminaba a los vestuarios. Todavía no había visto la repetición de la “Mano de Dios”.

“Después de la entrevista, me fui para abajo, por detrás de la portería, a los vestuarios”, prosigue. “Cuando llegué al túnel, me encontré con Maradona, que iba andando con dos de sus compañeros. Lo miré a los ojos y tiré de mi caseta como preguntando ‘¿Podemos intercambiarlas?’. Él se me acercó, me dijo algo y cambiamos las camisetas. Y ya está, así de sencillo”.

“Todo muy anodino, no tuvo nada de especial”, sonríe Hodge. “Fue sólo un encuentro en el túnel, debajo del campo. Los vestuarios estaban a unos seis metros el uno del otro. Me marché al mío, él se fue al suyo y metí la camiseta en mi bolsa”.

El intercambio que no debió haber sido
Cuando Hodge entró en el vestuario de Inglaterra, sus compañeros de equipo estaban comentando la jugada del primer gol de Maradona. Pronto quedó claro que se había cometido una infracción en aquel tanto.

“De haber sabido lo que había pasado, no hubiera intercambiado la camiseta con él”, asegura. “Me habría enojado mucho si hubiera tenido la certeza de que se había aceptado un engaño como aquel. Maradona actuó mal y tenía que haberlo admitido después del partido. Sin embargo, no culpo a nadie, porque nadie hubiera podido cambiar lo que pasó. Yo lo tenía muy claro: nos han eliminado, regresemos a casa. Por mucho que nos quejáramos, nada iba a cambiar”.

La mítica camiseta se cedió al Museo Nacional del Fútbol de Inglaterra, donde se exhibe desde 2002. Hodge y Maradona, unidos para siempre por la “Mano de Dios” y por el intercambio de casacas después del encuentro, se han visto sólo una vez después.

“Fui a un partido entre Inglaterra y Brasil en Wembley en 1987 con Ossie Ardiles, que era compañero mío en el Tottenham”, comenta Hodge. “Nos encontramos a Maradona en el bar y charlamos unos cinco minutos sobre Inglaterra y Brasil. Creo que sucedió en el descanso o después del encuentro. Sólo se habló de ese partido. No se mencionó el choque de 1986. ¿Qué vas a decir? No podía decirle: ‘Hiciste trampa’. No tenía sentido”.

“En un partido de 90 minutos, disputado a gran velocidad y en un ambiente con una gran carga emocional, la gente hace cosas que no debe”, sentencia Hodge al final de la entrevista. “Él se salió con la suya. Lo creía hace 30 años y sigo creyéndolo ahora”. (FIFA.com)

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