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“Monumento” a la mediocridad

Por Elmer López Lutz,
elopezlutz@yahoo.com

Si analizamos el formato de los campeonatos de las principales ligas del mundo (España, Inglaterra, Italia y Alemania), vemos que se juega con un sistema de todos contra todos a dos vueltas y punto. No hay ni repechajes, ni liguilla, ni semifinales. Se corona campeón el equipo que al final de las vueltas obtiene el mayor puntaje ¿Cuáles son los resultados? Sus equipos se mantienen en lo más alto del nivel europeo y mundial, además que casi siempre juegan a estadio lleno. Esto también se ve reflejado en el elevado nivel que presentan los jugadores de estos equipos cuando visten la camiseta de sus respectivas selecciones nacionales.

Si analizamos el formato de los campeonatos de las ligas, cuyos equipos y selecciones nacionales nunca llegan a las instancias finales a nivel mundial (Centroamérica y México), vemos que juegan con un sistema de liguilla en sus campeonatos. En Honduras incluso se ha introducido un sistema de repechaje, que permite a equipos ubicados debajo del nivel medio de la tabla, aspirar en tan solo dos o tres partidos, aún hasta al campeonato ¿Cuáles son los resultados? Descalificaciones prematuras en el torneo de la Concachampions y un claro declive en el nivel de la selección nacional.

A nivel psicológico, ¿qué es lo que fomenta en el jugador un sistema que incluye una liguilla? La mediocridad. Pues el ser humano, pero especialmente el hondureño, al saber que hay una segunda oportunidad, no se esfuerza como debiera durante las vueltas (me refiero al cuidado y perfeccionamiento físico, táctico y mental), sino que deja todo para última hora (la liguilla), en donde entran a relucir otros factores que pueden echar por tierra todo el esfuerzo invertido por el equipo que ganó las vueltas, como ser lesiones, arbitrajes, calidad de canchas, clima, etc. El resultado es que no siempre gana el mejor equipo, sino al que le “favorecieron” las circunstancias. Mientras tanto, cada campeonato que pasa con este mismo formato, promueve en la mente del jugador hondureño, el hábito de la mediocridad.

Duele ver que algunos dirigentes del futbol sigan promoviendo este sistema, argumentando una mayor participación de equipos o mejores taquillas, cuando la experiencia demuestra que los partidos de repechaje son deficitarios en asistencia de aficionados, y que a su vez afectan a los equipos mejores ubicados en la tabla, pues les quita “ritmo de partidos” al tener que esperar rival.

El campeonato de liga se debe de jugar a dos vueltas, sin liguilla y punto. Programando los juegos para los fines de semana con lo que asegura una mejor asistencia a los estadios. Además se daría oportunidad a mitad de semana para las fechas FIFA, Concachampions y Torneo de Copa.

Pero por sobre todo, se inculcaría en el jugador una mentalidad triunfadora, la de aprovechar el momento al máximo. Lo cual con seguridad redundaría en una selección nacional más competitiva, que no tenga que esperar hasta el último partido para saber si se clasifica o no. Necesitamos directivos visionarios, que sean los pioneros del área al implementar este sistema. Lo bueno se imita porque los resultados están probados. En el fútbol competitivo no hay segunda oportunidad, por eso no existe la mediocridad.

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