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Un grupo encahimbado de avispas, queriendo picar a jugadores, árbitros y aficionados, fue lo mejor del “churro”, al que los amigos de la venerable “ropa tendida” le llaman “clásico nacional” entre Olimpia y Motagua que vivieron los aficionados el pasado domingo en el estadio Nacional.

Muchos se asustaron cuando vieron “pecho a tierra” a  los jugadores de Motagua y Olimpia, y al mismo árbitro Óscar Moncada, que queriéndose hacer el valiente, trataba de espantar a los insectos, pero al final tuvo que tirarse también para no ser “picado”.

“Picados” terminaron los aficionados por dicho partido, que dejó un mal sabor de boca, ya que más parecía una vulgar potra entre dos equipos de la calle, por eso es  muchos “sobados” prefieren ver y hablar papadas del Barcelona y del Real Madrid.

Me parece a mí que la tal “Barbie” que ya la raya con la una camisa negra, y el mentado Vargas que es más llorón que Reinaldo Rueda, mandaron a la cancha a los jugadores a no perder, para cuidar la chamba, olvidando que el “clímax” del fútbol es el gol y que si no hay gol, no hay satisfacción, entonces, dedíquense a otra cosa.

El espectáculo lo dieron unos cipotes malandrines que se dieron en la madre… que los parió en plena gradería, mientras los “chepos” miraban tranquilos el aburrido y miserable partiducho, al fin llegaron y se los llevaron unos al “mamo” y otros al hospital bien marimbeados.

Y todavía los dirigentes se pasan quejando que los aficionados ya no van a los estadios en esta clase de partidos, ni quiera Dios… ni sabe uno si allí le va jugar el abono o le van quebrar el ayote.

Nadie que tenga tres dedos de frente y que vea más allá de su chata nariz, se va meter a un estadio, donde lo que menos va a presenciar es fútbol, mucho menos disfrutar del “clímax” del gol…

Los aficionados que saben lo que quieren y que no les gusta perder el tiempo, presenciando trifulcas, patadas arteras, zancadillas, golpes bajos, insultos, tarascadas, aullidos, ladridos y mucho rebuznar, prefiere quedarse en casita, soportando las habladurías de la suegra, las sátiras de la mujer  y los chillidos de los “güirros” malcriados.

Nuestro fútbol hace mucho dejó de ser una camaradería, un deporte de caballeros. Se ha vuelto un revanchismo. Todo mundo es enemigo de todo mundo, porque mientras los jugadores se pelean como perros y gatos dentro de la cancha, los entrenadores se van a las tapas entre ellos mismos y de remate se llevan de encuentro a los de la “ropa  tendida”.

YA JODIMOS: “Mica” Leiva le hará de “macho” en una obra de teatro… esas son señales que ya viene el fin del mundo.

LA PREGUNTA DEL CINQUITO: Mejor ya no hablemos de ¿cuál es el clásico nacional. Ahora preguntemos, cuál es el clásico más criminal?

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