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Fútbol Internacional

Seedorf, nuevo técnico de Milan

M El futbolista holandés Clarence Seedorf, de 37 años, puso hoy fin a su larga y exitosa carrera deportiva y dio un paso natural al hacerse entrenador, una función que en ya ejercía la práctica en el Botafogo dentro del campo.

INTERLa elección de Seedorf es más natural si cabe ya que regresa a casa, al Milán, un club al que dedicó una década de su vida como futbolista y con el que cosechó más logros profesionales.

En su despedida, Seedorf desveló sus mimbres de técnico al afirmar que su objetivo en el Botafogo era “hacer crecer el grupo” y al puntualizar que en su carrera nunca pensó “sólo como jugador”.

“Mi reto fue adaptarme. Pero sin aceptar todo, intentando influir en lo que creí que tenía que ser diferente y se tenía que mejorar”, manifestó hoy el futbolista sobre su contribución al Botafogo, en su rueda de prensa de despedida.

En el equipo carioca, Seedorf hizo gala de unas inusitadas dotes de mando dentro de las líneas de cal, que hicieron de él el líder del grupo desde su llegada al equipo en julio de 2012.

Todos los jugadores del Botafogo respetaban a Seedorf no sólo por su currículum, sino por su experiencia, sus aires de capitán resabiado, que sabe mantener el temple en cualquier situación y siempre sabe qué es lo mejor para el equipo en cada momento.

En el Botafogo supo insuflar confianza a sus colegas y administrar el éxito cuando al equipo le sonreían los resultados y fue casi un padre para los jugadores más jóvenes cuando la presión aumentaba con cada tropiezo.

Aunque el holandés afirma que siempre guardaba su lugar como jugador y seguía a rajatabla las orientaciones del técnico Oswaldo de Oliveira, también ha admitido que en algunas ocasiones ambos discutían sobre los planteamientos tácticos del equipo.

Su peso en el banquillo era evidente en sus gestos con sus compañeros.

En una ocasión, el pasado agosto, en el descanso de un partido de liga contra el Vitoria, se llevó al vestuario a empujones al delantero Vitinho, de 20 años, impidiéndole terminar las declaraciones que estaba haciendo a los periodistas, algo normal en Brasil al final de la primera parte.

Después Seedorf justificó que el Botafogo sólo iba ganando por un gol de diferencia y tenía que mantener la concentración para llevarse la victoria.

“Celebra. Pero lo primero, los tres puntos. Después conversamos con todo el mundo”, le dijo el holandés a Vitinho, jugador nacido un año después de que Seedorf debutara con el Ajax.

Después de la charla, el Botafogo acabó rematando la faena, ganó 2-0 y se puso líder en la décima jornada de liga. Al final del campeonato, el equipo carioca terminó cuarto, su mejor resultado desde 1995.

El presidente del Botafogo, Mauricio Assumpção, puntualizó que su papel “más importante” en el equipo fue su colaboración en el desarrollo de la cantera, que él mismo llegó a dirigir como entrenador algunos días, y su papel en el “cambio de mentalidad del club”.

A sus 37 años, Seedorf todavía conserva su sonrisa diáfana, su afabilidad y buen humor que siempre le han acompañado desde que naciera en Paramaribo, capital de Surinam, y en todos sus equipos.

Lejos queda la imagen juvenil, con sus famosas trenzas, con la que arribó en 1996 al Real Madrid, equipo con el que dejó imágenes imborrables como un golazo desde cuarenta metros de distancia al Atlético Madrid en el primer partido de liga de aquel año.

En tres años en el Madrid ganó una liga y la Liga de los Campeones de 1996-1997, que sumó a los títulos continentales que ganó con el Ajax de Amsterdam (94-95) y dos con el Milán (2002-03 y 06-07), a los que contribuyó con sus goles, su técnica y fortaleza física y sobre todo una privilegiada visión de juego.

El holandés también pasó breves etapas en el Sampdoria y el Inter de Milán y cerró su carrera en Brasil, una decisión rara para un europeo, que se dejó llevar por su deseo de asumir nuevos desafíos, como él mismo dijo hoy.

En esa decisión, aunque él lo obviara hoy, también contribuyó que está casado con una brasileña y a que habla perfecto el portugués.

Lo único que no consiguió a lo largo de su vida como futbolista es que pronunciasen correctamente su apellido fuera de Holanda.

El complejo diptongo “ee” del neerlandés hizo que en España, a pesar de escribir bien su nombre, se le llamara “Sídorf” o “Séidorf”, que en Brasil fuera “Sidorfi” y en Italia, a donde ahora vuelve, siempre hayan preferido llamarle “Clarence”. EFE

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