De Todo Un Poco
Pinheiro Braathen, ¿de futbolista frustrado un bicampeón olímpico de esquí?
En Brasil ya hay adultos que no han visto a su selección de fútbol proclamarse campeona del mundo pero sí a un esquiador de su país ser campeón olímpico: Lucas Pinheiro Braathen buscará el lunes, con el eslalón, su segundo oro en Milán-Cortina.
Su título del sábado en el eslalon gigante fue un logro histórico para su país y para toda Latinoamérica, que nunca había visto a uno de sus representantes en un podio olímpico de invierno, y tras su éxito Pinheiro Braathen, «O Rei» del esquí brasileño, admitía sin pudor que de niño soñaba realmente con ser un astro de la canarinha en el césped y no en las montañas nevadas.
«Yo no crecí como esquiador, crecí soñando con ser futbolista. Esa fue mi introducción al deporte. Cuando visitaba a mi familia en Brasil, mis primeros modelos a seguir fueron Ronaldinho Gaúcho y Ronaldo (Nazario). Esas personas que realmente cambiaron el fútbol, y el deporte en general, por atreverse a ser quienes son, a pesar de todas las críticas, de todas las consecuencias que eso conlleva», explicaba el nuevo campeón olímpico a su paso por la zona mixta de la pista Stelvio de Bormio, con la voz entrecortada por la emoción.
«Ellos me inspiraron para atreverme a decir a mi papá, cuando tenía alrededor de seis o siete años, que realmente quería convertirme en el mejor futbolista del mundo. Bueno, no lo fui, me hice esquiador, pero al menos puedo decir que soy campeón olímpico», sonó este declarado hincha del São Paulo.
– Infancia brasileña –
Este domingo, al día siguiente de su hazaña olímpica, Pinheiro Braathen no podía evitar echar la vista atrás y publicaba una fotografía suya a muy corta edad, quizás cuatro o cinco años, vestido con una equipación completa de la selección brasileña de fútbol y una mochila.
Lucas nació hace 25 años en Oslo, de padre noruego y madre brasileña, y cuando estos se divorciaron, él pasó una temporada con su madre en el país sudamericano.
Luego regresó a vivir a Noruega, pero pasaba las vacaciones en Brasil, teniendo siempre la cultura materna muy presente, aprendiendo perfectamente la lengua e impregnándose de los referentes de la cultura local. Entre ellos, cómo no, el fútbol.
«Uno de mis momentos favoritos cuando iba a Brasil era jugar al fútbol. Ahí no había sistema, ni una organización que pusiera restricciones. Era simplemente ponerte a jugar con tus amigos, amor al deporte en estado puro. Creo que ahí nació realmente mi amor por el deporte», explicó hace un tiempo en el podcast de Olympics.
Ronaldinho, uno de sus grandes ídolos, le felicitó el sábado en un vídeo mientras llevaba un collar de flores al cuello, en un ambiente carnavalesco: «¡Felicidades por la medalla de oro, Lucas! ¡Eres un orgullo para todos nosotros!».
– Año de Mundial –
En su faceta en el mundo de la moda, una labor que compagina con la práctica deportiva, Pinheiro Braathen recuerda que durante una Semana de la Moda en París se acercó a saludar al exastro del balón Ronaldo Nazario y cuando le dijo que era un esquiador brasileño el Fenómeno no pudo evitar la carcajada, sin saber si estaba ante un bromista o un extraterrestre.
Su popularidad en el circuito en los últimos meses, donde había ya destacado por su alma de showman, con sesiones de DJ y pasos de samba sobre la nieve, le ha hecho tener fans ilustres.
En el último descenso de Kitzbühel (Austria), el exfutbolista alemán Bastian Schweinsteiger, campeón del mundo precisamente en Brasil en 2014, posaba orgulloso con un maillot firmado por Pinheiro, que le dijo que se había hecho en su día hincha del Manchester United por él.
Ahora Pinheiro Braathen ocupa las portadas y ha hecho historia, para abrir a lo grande para Brasil un año deportivo con Mundial de fútbol.
Por el momento, ese noruego-brasileño hasta hace poco desconocido para muchos ya ha puesto el listón alto para la Seleção de Carlo Ancelotti.
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