Atletismo
Van Aert se corona en la París Roubaix tras un duelo estelar con Pogacar
El belga Wout Van Aert (Visma) abrazó la gloria como vencedor de la 113 edición de la París Roubaix, disputada a través de 258,3 km entre Compiègne y el velódromo de André-Pétrieux, tras superar en un histórico duelo mano a mano al gran favorito, el esloveno Tadej Pogacar.
El fenómeno de Herentals, de 31 años, rompió los moldes y evitó dos hechos históricos, que Pogacar lograra el quinto ‘monumento’ consecutivo y que Mathieu van der Poel ganara su cuarta Roubaix consecutiva. Van Aert batió al fenómeno esloveno al esprint con un contundente ataque dentro del velódromo, a unos 100 metros de la última línea.
Segundo ‘monumento’ para Van Aert después de la Milán San Remo 2020, gracias a un explosivo final que concretó después de 5h.16.50 sobre la bicicleta. Por fin un primer puesto después de haber sido segundo, tercero y cuarto.
Para Pocagar, la segunda medalla de plata en dos participaciones y la tercera plaza para el belga Jasper Stuyven y la cuarta, después de varios episodios de mala suerte, para Van der Poel.
Avería de Pogacar, primeros ataques de Van der Poel
La supersónica salida, a una media superior a 50 km por hora, impidió que se formara la clásica fuga. Se produjo algún corte, en uno de ellos quedando rezagados Pogacar, Van der Poel y Van Aert, que enlazaron de inmediato. El pelotón compacto estrenó el primero de los 30 tramos adoquinados, que completaban un total de 54,8 km.
Empezaron los nervios, la guerra por la colocación en los adoquines de Troisvilles à Inchy (2,2 km). Los equipos de los favoritos al frente. Daba comienzo a la carrera real, un banderazo de salida previa al «pavé», a 162 km de meta. También se atravesaba la antesala del verdadero infierno del norte.
Caídas, pinchazos, averías, lo normal en la Roubaix. Entre los afectados Tadej Pogacar, víctima de un pinchazo que le obligó a utilizar una bici de asistencia en espera de la suya. El equipo tardó en solucionar el problema del doble campeón mundial, en apuros en esos momentos, obligado a perseguir a sus rivales con un minuto de retraso, acompañado por Morgado, Bjerg y Politt.
Paliza extra para Pogacar, que por fin logró enlazar después de un buen «calentón» en las piernas, a un paso del Trouée D’Arenberg. Delante, 50 hombres con los gallos de la carrera. Un nuevo punto de comienzo para la monumental Roubaix, la carrera rota y lucha con el cuchillo entre los dientes hasta meta.
Infortunio de Van der Poel, el triple vencedor condenado a perseguir
La suerte iba por barrios. Van der Poel rompió la bici en Wallers, a 92 km de meta. Del Grosso le prestó una rueda y a continuación tuvo un pinchazo. Dos golpes de infortunio que le penalizaron 2.12 minutos sobre un grupo de 7 hombres que volaban en cabeza. Nada menos que Pogacar, Van Aert, Pedersen, Laporte, Bisseger, Stuyven y Pithie. Los adoquines no perdonan, los rivales, tampoco.
Festival de pinchazos. La desgracia le tocó después a Ganna en tres ocasiones, caída incluida, a Van Aert, de nuevo a Pogacar. La suerte jugaba un papel protagonista. Mientras, Van der Poel, sin ayuda de nadie, tiraba a la desesperada de un grupo a un minuto de cabeza y a 60 km de meta. Situación difícil, pero nadie tiraba la toalla.
Pogacar no puede soltar a Van Aert en el Carrefour de L’Arbre
En el tramo de Auchy-lez-Orchies, a 54 km de meta, atacó Van Aert para dar un golpe clave a la carrera. Soltaron a Pedersen y se marcharon a dúo impidiendo la llegada de Van der Poel, quien llegó a estar a 25 segundos de cabeza después de una enorme remontada.
En Mons-en-Pévèle (km 2029), tramo de 5 estrellas con 3 km de adoquines, Pogacar lanzó el primer aviso serio, lo que dificultó el enlace de Van der Poel, condenado a tirar sin un solo relevo de un grupo que incluía a Pedersen, Laporte, Bisseger, Stuyven y Van Dijke.
Llegó el momento decisivo del «Infierno del Norte», el Carrefour de L’Arbre, zona clave, legendaria, donde se suele decidir la carrera en sus 2,1 km de pura piedra, a solo 16 km de meta. Pogacar abrió la caja de los truenos, pero el fenómeno no soltó a Van Aert y coincidió con el ataque en la persecución de Van der Poel.
Van Aert se consagra rematando a Pogacar al esprint
Delicada situación que obligó a la cooperación entre Pogacar y Van Aert, de lo contrario llegarían Van der Poel, Pedersen y compañía con opciones en una llegada apretada. Colaboración hasta los aledaños del Velódromo André-Pétrieux, donde cada uno debía jugar su carta.
Más rápido al esprint sería, en teoría, el belga. Por lo tanto, el esloveno debía quemar la traca en el adoquinado de Roubaix (300 metros) para tomar ventaja y entrar a meta en solitario. Un final emocionante, a la altura de una edición que tenía varias razones para entrar en la historia.
Ya en Roubaix, Pogacar y Van Aert pasaron juntos, sin ataques. La solución, un esprint entre dos. Aguantó el esloveno ya en la superficie del velódromo, sonó la campana de la última vuelta, miró atrás, allí estaba pegado Van Aert, quien una vez que arrancó ya fue para celebrar a lágrima viva una victoria fabulosa. Más grande que el arcoíris. EFE
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