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Fútbol Internacional

¿La hora de Jude Bellingham?

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Hay regresos que son un alivio y otros que plantean un dilema. El de Jude Bellingham pertenece claramente a los segundos. Después de su paso por la selección inglesa, con la que no ha jugado ni un minuto en sus dos amistosos, ahora no volverá a un solar, sino a una casa que, en su ausencia, ha aprendido a sostenerse sin él.

Diez partidos después, superada una lesión en los isquiotibiales de su pierna izquierda, el medio inglés asomó frente al Atlético de Madrid durante apenas 17 minutos. Un cameo más simbólico que resolutivo, pero suficiente para que el seleccionador Thomas Tuchel levantara la ceja y le incluyera en la lista de Inglaterra.

Luego, eso sí, imperó la prudencia. No jugó ni ante Uruguay ni ante Japón. Y ahí, el sentido común: proteger al jugador por encima de la tentación.

«Creo que sería demasiado riesgo. Así que la tendencia es que no juegue. Ha estado excelente en los entrenamientos, pero como un jugador neutral. No ha estado involucrado en el entrenamiento completo. Está muy bien, pero no queremos arriesgar con él. No queremos que recaiga de la lesión muscular en este momento de la temporada», afirmó Tuchel antes del duelo contra Japón.

Ese es el punto de partida: Bellingham, que este miércoles no se ha incorporado a los entrenamientos de su club, está, pero todavía no es. Y mientras tanto, el Real Madrid ha seguido ganando. Desde aquella derrota ante el Getafe (0-1), el conjunto blanco ha encadenado cinco victorias y hasta se permitió el lujo de eliminar al Manchester City en los octavos de final de la Liga de Campeones. No es poca cosa.

En ese tramo, Güler, Tchouaméni, Pitarch, Valverde, Brahim y Vinícius formaron un bloque reconocible, repetido, casi memorizado por el aficionado. Y eso, en el fútbol, es media vida. Sólo frente al Elche se cayó de ese lista Güler para dar una oportunidad a Camavinga.

Y ahí aparece el problema. Porque introducir a Bellingham no es añadir, es tocar. Y tocar lo que funciona suele ser el primer paso hacia la duda.

Además, no viene solo. También regresa Mbappé, que como Bellingham ha disputado dos ratos con el Real Madrid, aunque en su caso sí ha sumado minutos con Francia. El atacante francés apunta directamente al once en Mallorca. Su entrada parece clara, con Brahim como damnificado natural. Pero el caso de Bellingham es distinto: no hay una casilla evidente.

La sanción de Valverde, intocable para Arbeloa, le abre una puerta puntual en Mallorca. Una oportunidad casi administrativa más que estructural. Porque el mejor Bellingham no fue el que se movía en esa zona, sino el que vivía cerca del área, en ese papel de segunda punta que le dio vuelo con Ancelotti en su primer curso en el Real Madrid.

Luego llegaron los reajustes, primero con la llegada de Mbappé y después en el tránsito de entrenadores: de Ancelotti a Xabi y de Xabi a Arbeloa. En ese trayecto, Bellingham busca su mejor versión en la mejor parcela del terreno de juego posible. Aún no ha dado con la tecla.

Ahora le toca a Álvaro Arbeloa resolver la ecuación. Y no es sencilla: «Me tocará buscarle el sitio, rodearle de compañeros donde tenga buena química, que se interrelacionen entre ellos de la manera correcta y sacar el máximo rendimiento a todas sus cualidades», afirmó tras el duelo frente al Atlético de Madrid.

«Su problema es que es muy bueno haciendo muchas cosas: llegando al área, cerca de la base creando juego, su conducción puede superar muchas líneas Cuando eres tan bueno en tantas cosas tienes que elegir lo que es mejor para el equipo y también en función del partido», apuntó.

Ahí está la clave. El talento total de Bellingham es, paradójicamente, su mayor dificultad. No es un especialista que encaje en una grieta; es un jugador que obliga a redibujar el plano.

Y mientras tanto, el equipo, de momento, funciona. Quizá por eso, la prudencia -la misma que aplicó Tuchel- invite a dosificar su regreso. Porque precipitarlo sería un riesgo doble: para su físico y para el equilibrio colectivo.

El fútbol tiene estas ironías. A veces, el mejor jugador no es la solución inmediata, sino un problema a resolver. Y en el caso de Bellingham, ese problema es de los que exigen cabeza fría. Porque su momento llegará y, posiblemente, el Mallorca sea la historia del regreso del británico a un once del Real Madrid.


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