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Trump-Infantino, una alianza a prueba por la guerra en el Oriente Medio
La intervención estadounidense-israelí en Irán supone un serio desafío para la solidez del tándem Donald Trump-Gianni Infantino a menos de tres meses del inicio del Mundial 2026, aunque el conflicto no debería modificar en profundidad su alianza estratégica.
El presidente estadounidense y el patrón de la FIFA han escenificado cuidadosamente su complicidad desde la primera elección del multimillonario en noviembre de 2016.
El regreso de Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 no hizo sino reforzar esta cercanía, con la vista puesta en la cita crucial del Mundial, organizada del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá.
– Polémica relación –
Invitado a la ceremonia de investidura de Trump y convocado con regularidad al Despacho Oval, Infantino ha cultivado hábilmente su ‘bromance’ con el republicano, acompañándolo en varias visitas oficiales a Catar o Arabia Saudita antes de otorgarle el primer Premio de la Paz de la FIFA, el 5 de diciembre en Washington, con motivo del sorteo del Mundial.
Una distinción que generó polémica, ya que Trump se jactó entonces de haber detenido ocho guerras en todo el planeta.
La presencia a finales de febrero de Infantino, con gorra roja con el logo USA en la cabeza, en el Consejo de la Paz lanzado por el presidente estadounidense también dio que hablar. En esa ocasión la FIFA apoyó un fondo destinado a la reconstrucción de Gaza.
«Yo fui quien consiguió el Mundial con Gianni. Gianni es un buen hombre. ¿Nos gusta Gianni? Sí, creo que sí. Es un buen tipo», declaró de nuevo Donald Trump el jueves.
– Ningún riesgo –
La guerra en Irán viene, por tanto, a romper este relato, máximo cuando el conflicto se ha extendido a parte de Oriente Medio, incluidos otros tres países clasificados para el Mundial (Catar, Arabia Saudita y Jordania).
«Lo que cuenta para Infantino es su propia geopolítica, guiada por el beneficio económico. Cualquier cosa que contravenga los derechos humanos o el respeto del derecho internacional no vulnera en absoluto su estrategia», estima Raphaël Le Magoariec, doctor en Ciencias Políticas, especialista del Golfo y del deporte.
«El problema es que todo el relato desarrollado en su relación con Trump, para halagar su ego, entra completamente en contradicción con la dinámica actual», añade.
«Hemos ido más allá del ridículo», afirma por su parte una persona cercana a los organismos futbolísticos, señalando el pragmatismo sin escrúpulos de Gianni Infantino, cuyo objetivo es ante todo lograr sacar adelante un Mundial fuera de lo común.
La competición ha pasado de 32 a 48 selecciones y promete ser la más lucrativa de la historia, ya que la FIFA prevé 11.000 millones de dólares de ingresos para el ciclo 2023-2027.
«Todo lo que quieren los futuros votados (países miembros de la FIFA) es dinero. Y si el Mundial es un éxito comercial, lo tendrán», añadió la misma fuente.
A un año del fin de su mandato, Infantino no corre así un riesgo desmedido al exhibirse con Donald Trump y alinearse con la política llevada a cabo por el presidente estadounidense.
La extensión del conflicto a aliados de Estados Unidos como Catar y Arabia Saudita, convertidos estos últimos años en actores clave del deporte mundial, plantea en cambio interrogantes a más largo plazo, obligando al dirigente italo-suizo a hacer equilibrio de cara al Mundial 2034 en el reino saudita.
– Un boicot sin consecuencias –
«La guerra emprendida por Donald Trump no ha tenido en cuenta en absoluto los intereses de los países árabes de la región implicados en una política de influencia. Estos se enfrentan a una situación de pesadilla porque se ve amenazado el proyecto que llevan desarrollado desde hace dos décadas», señala Le Magoariec.
Sin embargo, resulta difícil imaginar vuelcos de alianzas a raíz del conflicto en curso en Oriente Medio. Máxime cuando Irán no pesa nada en el tablero internacional, ya que el deporte local está muy politizado y bajo el control de los Guardianes de la Revolución, el ejército ideológico del régimen.
En este contexto, nadie se arriesga a acudir en ayuda de la República Islámica, y ni siquiera un boicot a la selección iraní, conocido como el Team Melli, sería capaz de alterar los actuales equilibrios de poder.
«A todo el mundo le vendría bien que Irán no participara en el Mundial. Para la FIFA, es mejor preservar su relación con Donald Trump, aunque sea a costa de sacrificar a Irán», resume Le Magoariec.
La ausencia de Irán, «desde un punto de vista comercial, económico y político, tendría muy poca importancia», sostiene Simon Chadwick, especialista en geopolítica del deporte en EM Lyon.
«En cambio, la eliminación de un adversario ofrecería a Donald Trump ya su gobierno el terreno ideal para proyectar la imagen y los valores que desean», añade.
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