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Milan respira sobre la bócina

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El Milan respiró aliviado en los últimos minutos del choque ante el Cremonese, derrotado 0-2 con los tantos sobre la bocina de Pavlovic y de Leao con los que el equipo de Allegri mantiene un hilo de esperanza en su pelea por el título: diez puntos le separan del Inter con un derbi en el horizonte.

Ante un Cremonese apretado por la necesidad, con el agua al cuello y la calculadora en la mano para huir del descenso, el Milan apareció en el Stadio Giovanni Zini con la obligación de ganar si quería seguir pronunciando la palabra ‘scudetto’ sin sonrojo. La victoria del Inter frente al Génova (2-0) le colocó contra las cuerdas: trece puntos de distancia antes del pitido inicial eran una losa demasiado pesada para permitirse un tropiezo.

La empresa estaba clara y fue asumida sin rodeos: recortar hasta diez y presentarse en el derbi el próximo fin de semana con algo más que orgullo, con una esperanza matemática que diera cierto aire. El Milan necesitaba llegar con pulso al fin de semana siguiente y el último peaje se llamó Cremonese.

El guion del primer acto lo escribieron Modric y, sobre todo, Fofana. El francés impuso un compás firme, barrió líneas de pase y ordenó a los suyos con esa mezcla de energía y criterio que da autoridad al mediocentro moderno.

Desde ahí, el Milan gobernó el tiempo del partido, anestesió al rival y vivió con una tranquilidad defensiva poco habitual en escenarios de urgencia. Se instaló en campo contrario y merodeó el área de Aurero, que sostuvo a los suyos con reflejos.

Más allá de un acercamiento aislado de Vardy, el Cremonese apenas inquietó. Se sostuvo hasta el descanso agarrado a su guardameta, decisivo en las dos acciones más claras del primer tiempo, ambas en el último suspiro antes del intermedio.

En las dos apareció la firma de Fofana. Primero, en una arrancada poderosa de área a área que deshilachó al Cremonese y terminó en un pase medido que dejó a Pulisic solo ante Aurero. El meta aguantó, se hizo grande y salvó el mano a mano con el cuerpo.

Y ya en el 45, casi calcada la escena: Fofana recibió al borde del área, se perfiló y soltó un zurdazo ajustado. Aurero se estiró con fe y con las yemas de los dedos evitó que el Milan encontrara premio antes del descanso.

El Cremonese espabiló en el regreso al duelo. Entendió que necesitaba hacer más que contemplar el juego del Milan para conseguir tres puntos muy valiosos para cumplir con su objetivo de la permanencia. Disfrutó de veinte minutos más inspirados, pero nada efectivos porque Pezzela, Vardy y Vandeputte no tenían el punto de mira afinado.

En el Milan, en cambio, la luz de Modric se atenuó y Allegri retiró a Fofana cuando aún restaba media hora, como si desmontara sin querer el andamiaje que había sostenido el primer acto. El equipo perdió gobierno y claridad; lo que había sido dominio se convirtió en incertidumbre. Sin embargo, al croata aún le quedaban dos destellos guardados en el bolsillo.

El primero lo dibujó con un centro medido a la cabeza de Füllkrug, que remató por encima del larguero cuando el gol ya se intuía. El segundo llegó en el minuto 89, con otro envío envenenado al corazón del área. Esta vez fue Pavlovic quien apareció con decisión para cabecear a la red y rescatar al Milan cuando el partido se le escapaba entre los dedos.

Se salvó por un suspiro y aún encontró espacio para la sentencia. En el 94, con el Cremonese volcado en busca de un empate desesperado, Leao culminó una contra que cayó como una losa. Allegri y los suyos lo celebraron con desahogo, conscientes de que en apenas cinco minutos habían pasado de hincar la rodilla en la carrera por el título a conservar una brizna de esperanza. El derbi quedó señalado como juez definitivo.


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