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Diana Arriaga como una guerrera partió a la casa del padre

Se nos fue una gran guerrera del baloncesto nacional, Diana Arriaga, quien luchó los últimos años con un cáncer que la doblegó en casa junto a sus seres más queridos, quienes decidieron incluso sacarla del hospital donde pasó malos ratos.

Para sorpresa de muchos amigos, familiares y prensa, la gran jugadora de baloncesto había perdido la batalla contra el cáncer pero desde el martes 22 de septiembre, pero por decisión propia hizo prometer a sus hijos y hermanas que no se divulgaría de inmediato, algo que le cumplieron al pie de la letra ya que tardaron cinco días en notificarlo públicamente.

Sus familiares más cercanos la llevaron a casa para descansar eternamente bajo su cuidado, ya que el cruel cáncer la obligó a rendir la jornada de la vida cuando aún le quedaba tiempo por edad y entusiasmo.

Diana fue una gran jugadora, incansable en los diferentes gimnasios en donde defendió con amor hidalguía a los equipos Olimpia, Venus, Barjum, Nacional de Ingenieros, Bodegón de la Cerámica y Cybex, pero sobre todo a su selecciòn nacional que la defendía en torneos internacionales y regionales con bravura. Se apagó esa vida de una gran dama del baloncesto, pero su recuerdo quedará presente en los que le vimos disfrutar su gran pasión, el deporte de las cestas.

SU HISTORIA:

Diana se inició a los 11 años, gracias a la inspiración de sus hermanas Aída, Nora, Marlene y Any Arriaga: “mi pasión es el básquetbol, soy maestra de educación física, entrenadora de las categorías B y C del baloncesto femenino. Gracias a Dios engrandecí el nombre de Honduras cada vez que participaba en competencias, junto a mis compañeras, los equipos y las selecciones siempre triunfamos”, dijo en vida en entrevista para Día Siete de Diario La Tribuna. .

Uno de sus mejores momentos en el baloncesto lo vivió cuando jugaba en el gimnasio Rubén Callejas Valentine en un torneo juvenil centroamericano en 1982, donde jugaron tres partidos en menos de 24 horas, cuando se formó un triple empate en la final con Guatemala, Panamá y Honduras: “un torneo juvenil, donde surgió un triple empate y se hacía una rifa para ver quién jugaba primero y el otro equipo, solo esperaba al otro finalista. Salimos afortunadas al jugar contra Panamá y Guatemala, solo esperó a las glorias hondureñas, ya que era el equipo a vencer. Les ganamos y nos coronamos campeonas”, recordó.

Diana Arriaga segunda de pie en sus tiempos de jugadora.

Un hecho que resaltó en dicha entrevista es que toda su familia estaba metida de lleno en el deporte: “mi familia es netamente basquetbolista, todas mis hermanas fueron seleccionadas y con ellas compartí selecciones juveniles; con mi hermana Aída Arriaga, solo jugué en contra, nunca en el mismo equipo, las dos participamos en la Liga Bancaria, éramos buenas y ahí medíamos quién era más Arriaga. Yo reforzaba al Banco Atlántida y ella a Bancahsa”.

Sin duda la trayectoria de Diana fue impresionante ya que jugó baloncesto casi toda su vida: “los mejores años los viví en Gimnasio Rubén Callejas Valentine, pero desgraciadamente, desde que se inundó, el baloncesto se ha venido abajo. Los entrenamientos eran en La Isla, y los torneos se jugaban en El Guanacaste, El Obelisco, La Leona y en el Club Árabe, ubicado en ese tiempo en La Reforma.

Contrario a lo que muchos piensan no sólo fue jugadora de baloncesto, fue una apasionada por varios deportes: “primero fui seleccionada de fútbol, balonmano y softball, pero me incliné más por el baloncesto, tomándolo como una pasión, hasta convertirme en una leyenda”, refirió en vida.

Uno de los grandes momentos que jamás borró de su memoria fueron algunos premios que marcaron su vida: “mi mayor logro y recuerdo fue ser ganadora del MVP Centroamericano (Most Valuable Player). No es fácil ser la mejor jugadora juvenil de Centroamérica y más con el potencial que había en Guatemala, Costa Rica, El Salvador.

También refirió quienes fueron sus mejores amigas en el baloncesto, incluyendo a sus hermanas que fueron su inspiración; “he sido deportista toda la vida. Esta disciplina me ha dado muy buenas amigas, como: Lizeth Asise, con quien tengo muchas anécdotas que me hacen recordar los bonitos momentos en el baloncesto; Gladys Flores, con quien pasé momentos duros, igual a los que que yo estoy viviendo ahora, y Claudia Sauceda, una bella persona con la que hemos vivido momentos inolvidables”.

A Diana siempre se le vio con el número siete en su espalda, tuvo siempre un significado especial: “según la Biblia el 7 es el número perfecto, Dios hizo el mundo en siete días, es un número sagrado; es muy especial para mí en honor a mi hijo (QDDG), él dejó un legado muy especial en mi vida”.

También como previendo que sucedería, que el cáncer le ganaría la batalla aunque luchara hasta el final nos dejó una frase para analizar: “no busques signos de interrogación, cuando ya Dios ha puesto punto final.

Finalmente no quiso olvidar a las nuevas generaciones de deportistas dejando un legado especial: “muchas veces el alumno supera al maestro, les digo a los jóvenes perseveren, porque, desde el momento que lo hagan, ya están triunfando. (GG).