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De Todo Un Poco

Los 90 años del primer campeón mundial de la historia

La final de la primera Copa del Mundo se jugó el 30 de julio de 1930 en el estadio Centenario, de Montevideo. Fue una repetición de la final olímpica jugada dos años antes entre los rivales más viejos del fútbol suramericano y amos absolutos del fútbol mundial en aquel entonces, Uruguay y Argentina.

Los uruguayos habían ganado la medalla de oro en Amsterdam tras un dramático 2-1 y las heridas de aquel partido seguían abiertas. Eran otros tiempos, y aquella final de 1930 no iba a ser un juego cualquiera.

Argentina y Uruguay habían demostrado ser muy superiores al resto de los participantes, en especial durante las semifinales. Los argentinos despacharon a Estados Unidos con un contundente 6-1, y Uruguay le aplicó la misma dosis a Yugoslavia.

Parte del drama comenzó en los vestuarios. El uruguayo Peregrino Anselmo, autor de dos goles contra Yugoslavia, pidió no ser incluido entre los titulares. En el lado argentino, Luis Monti pedía no jugar por miedo a unas amenazas.

Al árbitro belga Jean Langenus lo designaron tres horas antes del partido. Por razones de seguridad exigió un barco listo para zarpar en el momento mismo en que terminara el partido.

Los uruguayos alinearon así: Ballestero; Nasazzi, Mascheroni; Andrade, Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Castro, Cea, Iriarte. Los argentinos presentaron a Botasso en el arco; Della Torre y Paternoster en la zaga; J. Evaristo, Monti y Suárez en el medio, y Peucelle, Varallo, Stábile, Ferreira y M. Evaristo en el ataque.

Uruguay se fue en ventaja a los 12 minutos con gol de Dorado. Los argentinos reaccionaron con dos goles de Peucelle y Stábile y se fueron en ventaja al descanso. Y ahí comienza la leyenda.

Miedos en el vestuario argentino, (“Si ganamos, nos matan los policías”), un cambio de actitud por parte de los jugadores uruguayos quienes, se dice, jugaron suave en el primer tiempo por miedo a que suspendieran el partido, pues desde esos remotos tiempos ya tenían fama de patabravas.

En el segundo tiempo todo cambió. Los goles de Cea, Iriarte y Castro decidieron el partido en favor de Uruguay. Toda una apoteosis para el pequeño país suramericano, tricampeón del mundo, si se tiene en cuenta que los torneos olímpicos de fútbol de París y Amsterdam, ganados por Uruguay, fueron verdaderos campeonatos mundiales.

Mucho se ha escrito acerca de la cobardía de los argentinos en aquella final. Francisco Varallo le confesó en 1996 al periodista Andrés Cantor: “El futbolista argentino se achicaba, lo viví en mis tiempos. Íbamos ganando dos a uno fácil, yo impacté un remate en el travesaño, pudimos asegurarlo, pero…”.

Sin embargo, la revista El Gráfico, de Buenos Aires, manifestaba lo contrario: “Dígase que Argentina no cumplió una buena performance, pero no se argumente de que tuvo miedo, porque esto encarna una infamia”.

Después de esta final, ambas selecciones tuvieron destinos mundialistas muy dispares. Mientras que Uruguay logró dos épicas actuaciones en su reaparición mundialista de 1950 y 1954 para iniciar un lento pero inexorable declive, que apenas vino a tener un renacimiento con la semifinal en Sudáfrica 2010, Argentina tuvo que esperar 48 años para volver a jugar una final y levantar la Copa del Mundo. (GG) (Tomado El Tiempo).

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