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Brayan Beckeles confiesa su lado altruista

Brayan Beckeles, defensor hondureño del Nashville de la MLS, sacó a luz su historia humanitaria con los emigrantes nacionales cuando estuvo jugando con el Necaxa de México, en una de sus mejores campañas logrando el ascenso a primera división.

En una entrevista a través de Instagram con el periodista Eduardo Solano, residente en Nueva York, Estados Unidos, Beckeles confesó que durante vivió en Aguas Calientes, México, ciudad donde pasan muchos emigrantes centroamericanos, siempre estuvo atento a brindarles la mano amiga.

“Me gustaba recoger a emigrantes y les daba de comer y los alojaba en la casa que vivía. Recordaba que mi infancia fue dura y me tocó aguantar hambre”, confesó el zaguero del Nashville.

Antes de llegar a México, Roger Rojas le contó que por allí pasaban los emigrantes y que él les daba de comer y le dijo que hacía algo bueno y que también deseaba ayudar.

“Cuando llegué a Necaxa me di cuenta de la verdad y comencé a darles de comer y darles una cama para dormir, porque una noche en una buena cama cuando no se tiene es como mil noches”.

Beckeles contó que en tiempo libre salía buscar a los emigrantes y sin conocerlos los subía al carro y los llevaba a comer y les daba donde dormir “eso me llenaba de satisfacción que durmieran bien”.

“Todos los jugadores de Necaxa sabían lo que hacía y ellos me ayudaban con ropa, tenis. Todos colaboraban con la labor que tenía en favor de los emigrantes”.

Beckeles es de los futbolistas hondureños que ha tenido éxito en los equipos que ha estado, desde Vida donde inició su carrera, Olimpia, Boavista de Portugal, Necaxa y actualmente en Nashville, donde espera triunfar.

“Acá en la MLS mi sueño lo vivo al extremo, me cuido como nunca, quiero demostrarme a mi mismo, era mi anhelo Dios lo puso y no quiero desaprovechar la oportunidad que mi madre y mis hermanos me miraran jugando acá, porque también viven en Estados Unidos”.
SU INFANCIA

Su infancia fue complicada confiesa del jugador, hijo de padre de soltera con siete hijos. “Mi madre lavaba ropa, barría calles, trabajó en la municipalidad de la Ceiba, vendía donas y lotería los domingo, yo le ayudaba, era bueno con los números y me daba 10 y 15 pesos”.

Recordó que en la escuela era muy ‘chispa’ y él miraba el sufrimiento y sacrificio de su mamá y su misión era comprarle una casa.
“Yo decía no le voy a fallar y cuando llegué el colegio siempre me porté bien y me gradué de contador, después que iba a ingresar a la Universidad, comienzo a jugar en el Vida, sin querer hacerlo, me negaba a firmar un contrato por cinco años”.(RH).