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El futbolista hondureño y la falta de una buena asesoría

En los últimos días el goleador de Real de Minas, Juan Ramón Mejía, se ha dedicado a promocionarse como un artículo de primera necesidad diciendo que le gustaría volver a un equipo grande ya que en el pasado estuvo en Olimpia y Real España, incluso “coquetea” abiertamente con Marathón.

Esta afirmación llama poderosamente la atención porque hace unos meses el delantero tuvo en sus manos una oferta para llegar a Motagua que junto a Olimpia son los equipos más estables del fútbol hondureño y encima los azules son el club más ganador en los último años.

Sin embargo, Mejía prefirió quedarse en el representativo minero. Su decisión es válida y respetable, pero habría que preguntarse por qué rechazar un grande cuando tuvo esa posibilidad al alcance de las manos y se quedó jugando sin cobrar.

No puedo afirmar que este sea el caso de Mejía, pero muchas veces los futbolistas por mala asesoría o falta de la misma dejan escapar oportunidades que no volverán por pretender explotar a la “gallina de los huevos de oro” pidiendo sueldos que nunca han ganado.

Y no es exclusivo de Mejía, Jeffrey Flores pasó una situación similar al considerar que Motagua le ofrecía un sueldo por debajo de lo que merecía, no se detuvo a pensar que ese ofrecimiento era superior a su salario en Platense y que además no habría riesgos de no cobrar, volvió al puerto y ahora es de los que exige pago de salarios atrasados.

Revisando años atrás, no se nos puede olvidar el famoso caso de Luis “Puma” Grant, que firmó contratos con los dos clubes capitalinos y le agarró plata a Marathón, este comportamiento parece ser una norma de los jugadores catrachos.

Mejía ye tiene casi 32 años y su caso debe servir de ejemplo a muchos jóvenes, si bien es cierto el atacante es el hombre fuerte en el camerino “minero”, nos es menos cierto que al igual que sus compañeros les adeudan muchos meses de trabajo.

Entonces cuando llegan ofertas de algún grande es que los asesores o los mismos jugadores deben plantearse algunas consultas, ¿vale la pena estar en nómina con un sueldo muy alto en un equipo chicho teniendo en cuenta que las posibilidades de pago escasean o sería conveniente ir a un grande con un salario menor, pero seguro?

Y hay que detenerse en esa reflexión porque muchas veces directivos irresponsables ofrece salarios que no pueden pagar y los futbolistas caen en ese juego y al final los grandes perjudicados son los que visten de corto.

Seguramente en la previa del Torneo Apertura muchos futbolistas de equipos llamados chicos serán tentados por clubes grandes y la lógica indica que deben aspirar a una mejora salarial, muy merecida por cierto en algunos casos, sin embargo, deben tener en cuenta que el Covid-19 ha golpeado fuerte las finanzas de los equipos y el fútbol mundial está en crisis.

Es una realidad que los clubes catrachos intentarán reducir sus gastos considerablemente, se habla de un 30 o 40 por ciento, lo que no significa que los jugadores deben aceptar sueldos miserables, no obstante deben tener claro que deben ajustarse a nuevos escenarios y no pretender ganar cantidades fuera de lugar, aquí un buen asesor no les vendría nada mal.

La carrera del futbolista es corta y en el caso de los hondureños llegar a uno de los llamados grandes puede significar asegurar su futuro y el de los suyos por la estabilidad económica que esto representa y además por la exhibición mediática que le abre las puertas de la selección nacional y del extranjero.

Reitero, no deben aceptar sueldos miserables, pero que la falta de asesoría o los malos consejeros no los priven de una oportunidad única. (JL).

 

 

 

 

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