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Cabeza rapada y uniforme militar: el fútbol chino entra en el ejército

Unas semanas de servicio militar les harán bien. Como si estuvieran castigados por los resultados desastrosos del equipo nacional, los jóvenes futbolistas chinos han entrado en los cuarteles para otro tipo de entrenamiento, para disgusto de sus aficionados.

En trajes de faena y con la cabeza rapada, unos cincuenta jugadores de menos de 25 años empezaron en octubre un mes de ejercicios militares intensivos a iniciativa de la Federación China de Fútbol, un organismo gubernamental.

La medida, que muestra hasta qué punto el poder chino parece haberse quedado sin ideas para mejorar los resultados del equipo nacional, ha resultado muy impopular: algunos de los mejores jugadores jóvenes se vieron descartados de los últimos partidos del campeonato nacional.

La federación se ha mantenido muy discreta sobre su iniciativa y sobre el contenido preciso del entrenamiento seguido por los jugadores. Pero circulan fotografías en las redes sociales que muestran a los jugadores, rapados y uniformados, siguiendo a mediados de octubre un partido entre la selección nacional e India.

Más allá de las cabezas, en una habitación austera y encalada, un banderín rojo alentaba a los deportistas a convertirse en buenos ciudadanos.

La revista Soccer News difundió otras fotos que muestran a los jugadores saltando con el torso desnudo en la nieve en este campo militar del norte del país, como si trataran de curtir a unos jóvenes ablandados por la cerveza y los videojuegos.

Este entrenamiento marcial en las filas del Ejército Popular de Liberación busca “consolidar la ideología de los jóvenes jugadores”, explicó la federación, citada por el Diario de la Juventud de Pekín.

“Durante los partidos de preparación, algunos miembros del equipo nacional fueron criticados por su falta de trabajo y su ausencia del sentido del honor”, comentó por su parte el periódico Beijing Evening News.

“EDUCACIÓN DE LAS OPINIONES”

Hay que decir que no se bromea con las ambiciones futbolísticas de un país que solo se ha clasificado una vez para el Mundial, en 2002.

El presidente chino, Xi Jinping, tiene por objetivo que China se convierta en una potencia del balón, acogiendo un día el Mundial… y ganándolo.

Mientras tanto, decenas de miles de jóvenes han entrado en escuelas de fútbol, los clubes chinos fichan a golpe de millones de euros jugadores extranjeros y los grandes empresarios invierten en clubes europeos.

Sin éxito por el momento. China ocupa el 76º escalafón del ranking mundial de la FIFA, dos peldaños por debajo de Siria, que está en guerra.

Además del equipo nacional, los clubes de primera división parecen tentados por la carrera de las armas: es el caso del Shanghai Shenhua, antiguo equipo del atacante argentino Carlos Tévez, que ha acuartelado a sus jugadores menores de 19 años.

En un emplazamiento del ejército del aire, los jóvenes futbolistas siguieron esta semana una sesión “de educación de las opiniones”, informó el club en la red social Weibo.

“Han estudiado mensajes de propaganda, visitado el museo de historia de la unidad aérea y hecho ejercicios básicos de formación militar”, según el conjunto de Shanghái.

Pero en las redes sociales, los aficionados acusan a los dirigentes del fútbol chino de perder de nuevo la cabeza.

Y es que este año, los dirigentes prohibieron a sus futbolistas aparecer en público con tatuajes. Los tatuados debían jugar con vendas. AFP.

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