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Los porteros por fin son valorados

Tarde histórica. Los porteros españoles están de enhorabuena. Los de toda la vida y los ‘millenials’. Por fin son valorados. Valen mucho dinero. De Zubizarreta a Cañizares. De Buyo a Iker Casillas. De Arconada a Víctor Valdés. Varias generaciones de guardametas han aguantado en el mundo de la representación, de agentes e intermediarios aquella frase de ‘paras mucho, pero nadie paga buenos traspasos por los porteros’.

Una sonrisa recorría este martes a todos ellos en plenas vacaciones. Su oficio es ponderado en el mundo entero. Se acabó lo de vivir adosado con menor rango por debajo de la estrella que marca goles.

Los 80 millones que va a pagar el Chelsa por Kepa; los 72 que ha abonado el Liverpool por Alisson a la Roma; los 100 que vale Oblak; los 40 del año anterior del City al Benfica, ponen la demarcación del arquero en la cima del éxito.

Los delanteros siempre tuvieron valor. El gol es un lujo. Luego llegó la época de los centrocampistas, más tarde fueron encumbrados los centrales, sobre todo si eran zurdos, ese matiz le daba un plus en la nómina; e incluso últimamente los laterales con proyección ofensiva suben su cotización.

Pero ya están aquí repletos de oro también los que usan guantes. ¿Por qué este cambio cultural en el mercado?. ¿Por qué antes no y ahora sí?. No hay una reflexión científica clara. ¿Es una moda?. ¿Los clubes grandes pagan lo que sea por tener los mejores en una sociedad donde los ricos son cada vez más ricos y los clubes pobres cada vez más modestos?.

En los despachos de las corporaciones gigantes realizan últimamente análisis muy sencillos. Axiomas muy directos y que van a la yugular. El Real Madrid ganó la última Champions porque tenía a Keylor Navas. El Liverpool la perdió por alinear a Karius. Puede resultar trivial y baladí. Sin embargo en este mundo ‘moneyball’ que circula a la hora de fichar, los números, las cifras, las estadísticas superan el criterio pasional. Y no tener un tipo seguro delante de los palos, es un estigma.

Los porteros de toda la vida no atinan en dar con la tecla y en ofrecer una explicación certera del nuevo rol clave que desempeñan en este nuevo orden del fútbol mundial.

Sí es evidente que desde que son también ‘futbolistas’ de campo, además de detener penaltis y acciones determinantes, hay equipos que juegan con uno más en el césped. A la hora de sacar el balón jugado, al leer defensivamente mejor que sus compañeros los contragolpes; aparece un mundo nuevo. Se notan mucho las diferencias.

Llegan chicos jóvenes que rompen barreras, bajo el liderazgo de Kepa. Un dato estremecedor de la inflación del fútbol es el ‘caso Oblak’. En 2014, el Atlético de Madrid pagó 16 millones de euros al Benfica. Fue en su momento el traspaso más caro de la historia en España para un portero. Hoy es el número uno del mundo, o el dos, según los colores. Vale 100 millones ya y el mercado lo tilda de muy asequible. Ter Stegen, otro grande, costó también 12 millones. Keylor tenía 10 de cláusula en el Levante al fichar por el Real Madrid esa temporada.

Los niños toman nota. En tres años, todo se ha multiplicado por diez. La Premier League, con dinero como castigo, va camino de arrasar el escaparate del supermercado. EFE

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