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Mundial Rusia 2018

“Cuando vi jugar a Pelé, pensé en colgar las botas” (Just Fontaine, 1958)

El delantero francés Just Fontaine culminó el Mundial de Suecia 1958 con un récord aún vigente después de 60 años: marcó 13 goles a lo largo del torneo y, desde entonces, nadie ha conseguido superar esa barrera. Pero esa cifra no logró eclipsar la aparición de Pelé, el gran héroe de aquella Copa del Mundo.

En aquel mes de junio de 1958, Pelé irrumpió como un cohete en el fútbol planetario para convertirse en uno de los mejores futbolistas de la historia. Con permiso de Diego Maradona, Johan Cruyff, Alfredo Di Stéfano o Lionel Messi, el brasileño es tal vez el jugador más importante que ha dado el fútbol.

Su carrera, que finalizó en 1977 en las filas del Cosmos de Nueva York, comenzó en 1956, pero, realmente, fue en Suecia donde se inició la leyenda de Pelé.

Hasta su aparición nuclear, Brasil sólo había sufrido desastres, como el de 1950, con el famoso “Maracanazo” en el que Uruguay logró el título ante más de 100.000 brasileños cariacontecidos.

O como en Francia 1938, cuando Brasil, confiada de ganar en semifinales a Italia, reservó para la final a su gran estrella, Leonidas da Silva y perdió 2-1 para dejar escapar una oportunidad única de disputar el partido por el título.

Pelé, con sólo 17 años, dirigió a Brasil hasta el título pese a la efectividad de Fontaine, que tuvo que quitarse el sombrero ante su rival en las semifinales. El delantero francés pudo ser el mejor del Mundial de Suecia, pero hincó la rodilla ante algo evidente, la presencia de un jugador único.

Francia llegó a las semifinales del Mundial de Suecia por la puerta de atrás. Nadie esperaba que alcanzara esa ronda. En los partidos de preparación, sin Raymond Kopa, que no recibió el permiso del Real Madrid para jugar esos amistosos, el combinado galo no ganó ni un partido en siete meses.

De hecho, la federación francesa dio a cada jugador sólo tres camisetas, una para cada partido de grupo. Fontaine contó después que tuvieron que lavarlas ellos mismos según iban pasando las eliminatorias. La culpa la tuvo él mismo con sus goles y la presencia de Kopa, uno de los mejores jugadores de Europa de la época.

Cuando Fontaine llegó a las semifinales, había marcado 8 tantos: tres a Paraguay, dos a Yugoslavia y uno a Escocia en la fase de grupos y dos a Irlanda del Norte en cuartos de final. Pelé, sin embargo, tuvo un camino más complicado porque comenzó el torneo en el banquillo junto a un extremo de piernas arqueadas llamado Garrincha.

Después de la primera victoria de Brasil por 3-0 en su estreno ante Austria, el seleccionador Vicente Feola no hizo ningún cambio para el segundo encuentro contra Inglaterra.

El empate sin goles provocó una reacción de Feola para el duelo decisivo de la fase de grupos frente a la Unión Soviética y revolucionó el once con Zito, Pelé y Garrincha.

En ese partido, Garrincha desequilibró sin descanso por la banda derecha, Zito fue una auténtica escoba en el centro del campo y Pelé sacó a relucir su magia con un pase magistral a Vavá en el 2-0 definitivo.

Después, en cuartos de final, País de Gales sufrió el primer gol de un chaval de 17 años que dejó claro que no era un don nadie.

Brasil ganó 1-0 después de que Pelé dejara sentado a un defensa galés con un regate de espaldas y un toque preciso que asombró a todo el público presente en el estadio Ullevi de Gotemburgo. Su bautizo goleador fue de una clase inmensa. Y no pararía ahí.

En semifinales, ante la Francia de Fontaine y Kopa, dio una exhibición que provocó la frase de Fontaine.

El 24 de junio en el estadio Rasunda de Solna, Pelé se consagró, pero tal vez la historia habría sido otra si a los 35 minutos no se hubiese lesionado Bob Jonquet, que sufrió una fractura doble del peroné tras una entrada de Vavá. En aquella época no se podían hacer cambios y Brasil jugó contra diez hombres. Aun así, Pelé hizo tres goles en la segunda parte y su selección ganó 5-2.

Fontaine vio en directo la magia de Pelé y soltó su frase. Sí, el goleador francés pensó en colgar las botas cuando admiró al brasileño, que después en la final contra Suecia cerraría la cicatriz del “Maracanazo” con un par de tantos, uno de ellos inolvidable con dos sombreros seguidos antes de batir al portero Kalle Svensson.

Admirar a su rival no impidió a Fontaine marcar cuatro dianas a Alemania en el partido por el tercer y cuarto puesto. Así llegó a las 13, un récord imbatible. Sólo se acercó el germano Gerd Müller en México 1970, cuando alcanzó la cifra de 10 tantos.

Esa colección increíble de goles sólo fue eclipsada por la irrupción de Pelé, que estalló en Suecia 1958 para tomar carrerilla y ganar después los Mundiales de Chile 1962 y de México 1970. Y, ya de paso, en su inicio hacia el éxito, dejó boquiabierto a la máquina de hacer goles más aniquiladora de la historia de la Copa del Mundo.

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