Connect with us

De Todo Un Poco

Las peleas de gallos, un deporte de moda en las regiones kurdas de Siria

En una granja del nordeste de Siria, Shufan Mahmud muestra orgulloso su gallo, apodado “francotirador”. El ave participará en uno de esas tradicionales peleas, cada vez más populares en los territorios kurdos.

“Es muy fuerte, todo el mundo lo teme, esta mañana mató a un gallo”, dice su dueño, de 39 años.

Hace ocho años, Mahmud construyó un ruedo especial en su granja, cerca de la ciudad de Qamishli, para celebrar peleas de gallos. El éxito fue fulgurante.

“Este deporte fue introducido en nuestra región hace una decena de años, a través de los gitanos. Antes, la pelea de perdices es el deporte más reputado para los kurdos”, recuerda Mahmud.

En un espacio estrecho, cubierto por un tejado de chapa y con poca luz, los hombres se amontonan alrededor del ruedo.

Dos gallos se enfrentan, dando grandes alazos, girando, muy pegados, en una especie de danza agresiva. Al final, uno de ellos da un violento picotazo.

Los espectadores, con los brazos tatuados, un té en la mano o un cigarrillo, observan la pelea. Muchos la graban con su teléfono móvil.

Un hombre apunta escrupulosamente las apuestas en un cuaderno.

“Los aficionados a las peleas de gallos vienen de todas las regiones de Rojava”, explica Mahmud, utilizando el nombre kurdo del territorio semiautónomo en el norte y nordeste de Siria.

– “Un negocio” –
“Creamos el ruedo para el entretenimiento, pero también es un negocio”, reconoce, mientras acaricia el cuello de su animal favorito, un gallo alemán de nueve meses con una discreta cresta roja y un plumaje negro salpicado de manchas rojas y blancas.

Aunque se pueden organizar combates cada día, es el viernes, el día de descanso, cuando se celebran los principales torneos. Numerosos aficionados a las apuestas acuden a las peleas, y apuestan generalmente el equivalente de 2 a 10 dólares.

Durante horas, los gallos se van sucediendo. Un combate puede durar entre una hora y una hora y media, en función de la edad y la resistencia de los adversarios.

La lucha suele terminar o bien por la muerte o bien porque uno de los contrincantes huye.

“El propietario del gallo que pierde a veces tiene que pagar 40.000 libras (65 euros, 76 dólares), y en las peleas difíciles, las apuestas pueden subir hasta 500.000 libras (812 euros, 950 dólares)”, asegura uno de los organizadores, Rezan Fayçal, 38 años.

“Los gallos más eficaces vienen de Adana, en Turquía”, el país vecino, explica Mahmud. “Los apareamos con gallinas de Tailandia, conocidas por su agilidad, o de Líbano, famosas por su belleza”.

– Siria, “pelea de gallos” –
En un país devastado por la guerra desde 2011, Mahmud se atreve a comparar.

“Siria también se ha transformado en una pelea de gallos”, dice, en alusión a las ofensivas de Turquía contra los combatientes kurdos.

“Algunos vienen del extranjero, atacan las ciudades y es el pueblo quien sufre (…) El gallo ganador se va feliz, el perdedor lamenta su suerte”, prosigue.

A pesar de que es muy popular, el ocio con dinero de por medio sigue estando mal visto en el seno de la comunidad kurda, ya que el islam prohíbe este tipo de actividades.

“No quiero que mis amigos sepan que asisto a peleas de gallos”, confiesa un espectador, que se presenta con el pseudónimo de Abdel Rahman. “Me respetarían menos, incluso si solo vengo para asistir al espectáculo, sin apostar dinero”.

Ali Sharabi, de 25 años, es menos reservado. Ha venido de Derbasiyah, una ciudad cercana a la frontera turca, y no esconde su alegría después de una nueva victoria de su animal.

Recuerda a un gallo que tuvo, muy fuerte, que acabó vendiendo en Irak “donde la venta puede terminar en 2.000 dólares (1.674 euros)”.

Lo llamó Bruce Lee, en homenaje al maestro del kung-fu: “Sus combates no duraban más de 10 minutos. Y el perdedor siempre moría”. AFP

Deja tu comentario

Recomendamos - De Todo Un Poco