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Una final perdida, el olvido y un disparo mortal: la tragedia del capitán de la Roma

El reporte de la autopsia indica que eran las 10:50 de la mañana del 30 de mayo de 1994 cuando Agostino Di Bartolomei salió descalzo a la terraza de su casa de San Marco Di Castellabate (provincia de Salerno), apoyó en su pecho su arma Smith & Wesson calibre 38 y se quitó la vida a los 39 años, dejando estupefacto al mundo del fútbol que exactamente 10 años antes, el 30 de mayo de 1984, lo había visto disputar con la Roma la final de la Copa de Campeones de Europa (actual Champions League) perdida ante Liverpool por penales.

Cuenta su entorno que aquella final lo marcó para siempre. Su malestar, su frustración, quedaron expuestos en la pelea que mantuvo en plena definición en el estadio Olímpico con su compañero Falcao, quien se negó a patear su penal en la tanda decisiva luego del 1 a 1 con el que había finalizado el tiempo reglamentario. El desenlace de la final,la victoria por 4 a 2 de los Reds, provocó la salida de la Roma del técnico sueco Nils Liedholm, sucedido por un joven Sven Göran Eriksson, quien por las características de su proyecto futbolístico (juego de velocidad e intensidad), relegó de la titularidad a Di Bartolomei, quien decidió cruzar la vereda para jugar en Milan, el máximo rival.

Aquella decisión, marcada por la dolorosa derrota en la final y su salida del equipo, afectó a los hinchas y dirigentes de la Roma. Sobre esto, poco después el equipo de la capital jugó el clásico con Milan, que ganó 2 a 1 con gol de Di Bartolomei, quien celebró con intensidad cargada de bronca esa anotación.

Luego de tres años con la camiseta del rossonero, llegó al club el técnico Arrigo Sacchi, quien también se inclinó por un fútbol más veloz, diferente al tecnicismo de Ago, que entonces empezó su derrotero: juegó en Cesena y luego en Palermitana, donde logró un histórico ascenso a la segunda división de Italia, pero se sentía desterrado. Cuando era entrevistado en plena celebración, el 3 de junio de 1990, anunció su retiro del fútbol.

Intentó seguir ligado al fútbol y apenas pudo lograrlo. Comentó el Mundial de 1990 para la RAI y quiso fundar su propia academia de fútbol para niños. Necesitaba dinero y pidió un crédito que nunca le fue concedido. En un documental dedicado a su historia, cuentan que este obstáculo no fue por causales burocráticas sino porque la mafia italiana conocida como la Camorra fue la que se lo impidió. Habían pasado ya 10 años de su retiro, una década en la que esperó a diario volver a su casa, la Roma, pero el club jamás lo llamó para ofrecerle cargo alguno.

Llegó entonces el 30 de mayo de 1994 y el propio Agostino Di Bartolomei, Ago o El Capitán Silencioso, como lo llamaban, sentenció el final de su propia vida, justamente 10 años después de aquella final perdida con la Roma ante Liverpool. Tiempo después y en el bolsillo de un saco Marisa, su esposa, encontró una carta que decía:

“Adorada Marisa:

He rechazado el préstamo, porque la BNL (ndr: Banca Nazionale del Lavoro) no quiere dar el consentimiento para hacerlo, incluso cuando Anastasi (ndr; su socio) dijo que estaba dispuesto a pagar su parte.

Me siento encerrado en un hoyo, los fondos de la Región todavía están vigentes para el crédito deportivo, pero la Ciudad no regulariza la situación.

Mi gran error fue tratar de ser independiente de todo, no haber podido decirle que no a nada a mi familia, haber comprado esa tierra a Franco-Giovanni en lugar de intentar ir a trabajar a Roma.

No hay un centavo, que haya pasado de mis manos, que no se haya usado para nuestra familia: gimnasio, ático, tierra; no hay sombra en mi relación, no hay traición, sino solo situaciones malinterpretadas.

Te adoro y amo a nuestros maravillosos muchachos, pero no veo la salida del túnel”.

Nadie podrá garantizar que la fecha elegida por Agostino Di Bartolomei para terminar con su vida (su suplicio) fue casual o elegida de manera consciente. Para muchos, sin embargo, aquel 30 de mayo de 1984 marcó su existencia para siempre.

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