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Armstrong, el hombre que construyó un imperio a través del dopaje

Símbolo de los años de plomo del ciclismo, Lance Armstrong, que el jueves acordó pagar cinco millones de dólares para resolver su caso federal por fraude en Estados Unidos, utilizó todos los productos dopantes existentes para elevar su imperio, una farsa descubierta años después.

. Sustancias en ‘stock’
EPO, transfusiones sanguíneas, hormonas del crecimiento, testosterona, corticoides: la lista de sustancias utilizadas por el texano para asegurar su éxito en el pelotón provocó que la agencia antidopaje de su país (USADA), en el origen de su caída en 2012, le acusara de utilizar “el sistema de dopaje más sofisticado de la historia, el más eficaz y profesional que el deporte nunca ha conocido”.

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En la época en la que era todopoderoso, el equipo US Postal, dirigido por Johan Bruyneel, su director y protector desde 1999, Armstrong impuso la imagen del tren azul (el color de sus maillots) durante siete años -siete victorias en el Tour-.

Las ascensiones eran una espectáculo nunca visto antes. Armstrong era llevado en volandas por sus compañeros antes de que eliminara a sus adversarios con una pelada inédita, una suerte de ‘esprint’ en plena montaña.

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. Próximo a los poderes
Entre bambalinas, la autoridad del ‘Boss’ era la misma. Trataba de tú a tú con el entonces presidente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), el holandés Hein Verbruggen, fallecido en 2017. Frente a las sospechas que comenzaron a aflorar tras su victoria en 1999, Armstrong niega todo, e incluso se atreve a contratacar y desafiar al que le acusa.

Asegura que su única relación con el polémico médico italiano Michele Ferrari son sus programas de entrenamiento. Incluso paga la compra de material antidopaje destinado a los jóvenes de la federación internacional.

Con el tiempo se descubre que incluso denunciará en la UCI a algunos de sus rivales por dopaje, el español Iban Mayo, por ejemplo.

¿Estaba protegido? En el informe publicado en 2015, la comisión independiente para la reforma del ciclismo (CIRC), que investiga las prácticas dopantes del pelotón desde 1998 y la gestión del problema por la UCI, no descubre corrupción, pero sí subraya la cercanía entre Armstrong y Verbruggen.

El presidente de la UCI, entonces un hombre fuerte del Comité Olímpico Internacional (COI), no duda en salir a defender a Armstrong, el hombre que devolvió el ciclismo a la primera plana y lo extendió por Estados Unidos.

. La hipótesis del motor
¿Cómo explicar la insultante superioridad de Armstrong frente a rivales que la mayor parte son sospechosos de haber recurrido a los mismos productos dopantes? A principios de 2017 la televisión estadounidense CBS investiga sobre la utilización de motores en las bicicletas del pelotón e instala la duda sobr el tejano. Un libro aparecido en Francia a finales del mismo año (‘Rodar más rápido que la muerte’, de Philippe Brunel) insiste en la hipótesis.

El ingeniero húngaro Istvan Varjas, en el origen del descubrimiento del motor en miniatura, explica que su ‘arma absoluta’ estaba lista a finales de 1998. Afirma que entonces un intermediario compró el invento con una cláusula de ‘no competencia’ durante 10 años, una especia de contrato de exclusividad.

En 2016 Armstrong fue preguntado en una radio irlandesa por la utilización de una bicicleta motorizada en el Tour “¡Pero ustedes están locos!”, respondió. A través de abogados defendió que nunca había utilizado un sistema de estas características. Pero no despejó las dudas sobre sus contemporáneos, lo que sería rocambolesco.AFP

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