Quini homenajeado de nuevo en El Molinón, estadio que llevará su nombre
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Quini homenajeado de nuevo en El Molinón, estadio que llevará su nombre

Enrique Castro “Quini”, fallecido el pasado 27 de febrero a los 68 años, recibió otro emotivo homenaje por parte de la afición gijonesa en El Molinón, el estadio más antiguo de España, que a partir de ahora unirá su nombre al del máximo goleador de su historia, coincidiendo con el partido en el que el club asturiano goleó a la Cultural y Deportiva Leonesa (4-0).

Quini, buque insignia del Real Sporting, ya había sido despedido por la ciudad a la que nadie representó mejor que él, en la capilla ardiente y el funeral que tuvieron lugar, un día después de su deceso, en el estadio que le vio despuntar, antes de brillar en la selección española y el FC Barcelona. Pero esta vez, con ‘su’ estadio lleno a rebosar, se repitió homenaje, en el primer partido oficial del Sporting en casa.

Del Brujo ya se ha dicho y ya se ha escrito todo. Pero todo es muy poco para explicar la gratitud que a Quini le deberá siempre Gijón. Una ciudad de la que es Hijo Adoptivo y a la que llegó desde Avilés, donde empezó a llamar la atención en la Ensidesa, antes de despuntar en la capital de la Costa Verde compartiendo delantera con Alfredo Megido e Iñaki Churruca. En un equipo en el que también brillaban, entre otros, José Manuel, Ciriaco y Valdés. Y cuya portería guardaba otro mito, su hermano Jesús, fallecido como héroe hace 25 años en una playa càntabra, tras salvarle la vida a dos chicos, ofreciendo a cambio la suya.

A principios de los años 70 no había ni un solo niño en Gijón que no quisiera ser Quini o Castro. Pero fue el delantero el que mayor recorrido deportivo tuvo de entre los dos hermanos. 35 veces internacional, el Brujo sumó siete ‘pichichis’, de ellos cinco en Primera. Los dos que festejó con el Barça, que lo homenajeó el pasado domingo en el Nou Camp, sólo los supera en toda la historia del equipo catalán un tal Lionel Messi.

Quini contribuyó a la génesis de la grandeza de un club humilde en el que lideró el mejor ataque de toda su historia, la “delantera eléctrica”, junto a Quique Morán y el argentino Enzo Ferrero. Integrante asimismo del ’11 ideal’ de Boca Juniors y, al lado de Quini y de Joaquín Alonso, una de las tres piezas de la Santísima Trinidad sportinguista.

En los prolegómenos del partido se desplegó -al tiempo que sonaba el himno del club- una gran pancarta con la imagen del goleador y el lema “Siempre Quini” sobre el césped. Al que saltaron esta vez, junto al equipo arbitral y los capitanes, la hija del mito, Lorena; y su nieto, Pablo, que sigue los pasos del abuelo goleando en los alevines del Veriña y que efectuó el saque de honor. Antes de que ambos tomarán asiento, en el Palco de Honor, junto al presidente de la entidad, Javier Fernández.

El encuentro no pasará a la historia por su excesiva calidad, pero este domingo no se jugaba un partido cualquiera; y los hombres del ‘Pipo’ Baraja hicieron lo que tenían que hacer: ganar. En honor a la leyenda, al hombre que anotó 245 veces con la casaca rojiblanca. Y que hizo feliz y orgullosa a muchísima gente en Asturias.

El Sporting venció de forma clara y, según respondió a Efe el técnico local, en la posterior rueda de prensa, haciendo “lo que a Quini le hubiese gustado ver”.

Abrió el marcador Jony, a ocho para el descanso. No podía haber sido otro más que el retornado hijo pródigo, uno de los favoritos de la afición. Cedido por el Málaga en el mercado de invierno y que nada más llegar de nuevo a Gijón se conjuró para llevar a cabo la misión que le encomendó el Brujo: objetivo tratado en conversación privada, pero que todo el sportinguismo intuye.

Jony culminó un pase largo de Carmona y, poco antes de alcanzarse el cuarto de hora de la reanudación, le devolvió la asistencia para que sentenciase el partido el 10 del Sporting. En memoria del eterno 9.

La guinda la puso Pablo Pérez, otro canterano. ‘Pablín’ también le pudo dedicar su gol, el tercero, a Quini. Y un recién incorporado, el tinerfeño Nano, colocó el definitivo 4-0 en el marcador.

En un partido que afianzó al Sporting en los puestos de ‘play off’ de ascenso y que coincidió con el Día de las Peñas y con un nuevo hermanamiento con la afición visitante, a la que El Molinón despidió coreando el nombre de la Cultural.

Un encuentro que arrancó después de un más que emotivo minuto de silencio que duró sesenta segundos exactos y en el que no se escuchó ni el sonido del viento. Nueve minutos después, se coreó el grito de guerra con el que Gijón invocaba, cuando el partido se complicaba, a un héroe que siempre llegaría al rescate. El “Ahora, ahora; ahora, Quini, ahora” retumbó de nuevo. No dejará de sonar nunca, cada minuto 9 de todos los partidos que se disputen en el estadio que a El Molinón ha añadido el nombre del mito.

El Brujo no se ha ido. Quini es inmortal. EFE

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