Mármol, playa y Stalin: la lujosa casa de Brasil en el Mundial
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Mármol, playa y Stalin: la lujosa casa de Brasil en el Mundial

La selección brasileña eligió como campo base del Mundial-2018 un lujoso hotel frente al mar en Sochi, estación balneario en el sur de Rusia, construida por Stalin para disfrute de los dirigentes del régimen comunista.

Coma cada cuatro años, los brasileños llegarán al Mundial (14 de junio-15 de julio) con la etiqueta de favoritos, lo que siempre suscita el interés de los periodistas y de los aficionados, que se encontrarán con una seguridad reforzada.

Porque el “Swissotel Sotchi Kamelia”, de cinco estrellas, construido con el Mar Negro a un lado y con un exuberante bosque de pinos y palmeras al otro lado, está rodeado de altos muros y estará custodiado por miembros de seguridad armados y de aspecto poco amable.

“Nuestro hotel no dispone de acceso a la calle. La propiedad está vigilada y se verá evidentemente reforzada durante el Mundial”, explica Gregori Gregoriev, el director del establecimiento: “Y creo que también estará protegida a nivel gubernamental”.

Nada extraño en Sochi, ciudad de 350.000 habitantes célebre por albergar los Juegos de Invierno de 2014. Aunque las cumbres del Cáucaso sobresalen en el skyline de la ciudad, eso no evita un clima suave que hace las delicias de Vladimir Putin.

El presidente ruso pasa allí cada vez más tiempo, contribuyendo a devolver a la ciudad el lustre de la época soviética y a que sus habitantes estén acostumbrados al ir y venir de los miembros de seguridad.

– Piscina en cascada –
En el interior del Swissôtel, nada indica que este edificio fue construido en los años de Stalin.

Candelabros de cristal en el techo, diamantes a la venta en el ‘hall’ de la entrada y, por encima de una piscina en cascada, una terraza de mármol en la que Neymar, si se recupera a tiempo de su lesión, podrá desayunar mientras contempla el mar.

“Vamos a hacer todo lo posible para que salgan del hotel felices y sin haber tenido ningún problema”, responde Gregori Gregoriev. “Vamos a ayudarles a ganar el Mundial”, asegura.

Las habitaciones clásicas, especiosas, tienen una pantalla de televisión de gran tamaño que cubre gran parte de los muros blancos. Su situación permite además tener buenas vistas del atardecer.

Pero más allá del terreno del entrenamiento, situado a únicamente cinco minutos a pie del hotel, el gran punto fuerte del hotel de la Seleçao en el Mundial es la playa. Es cierto que no es como Copacabana, pero “el clima de Sochi vendrá especialmente bien a Brasil”, estima Gregoriev.

En el restaurante se proponen platos de “cocina europea inspirada en Suiza”, aunque la selección brasileña llegará al lugar con su propio nutricionista y equipo encargado de vigilar la comida.

“Seguramente nos pedirán lo que podemos considerar frutas exóticas, como papaya o fruta de la pasión. Pero no hay nada que no hayamos visto ya antes”, afirma Grigoriev.

Los brasileños han elegido Sochi, pero en la primera fase no jugarán ningún partido en el estadio Ficht, que acogerá seis encuentros del Mundial. El debut mundialista será el 16 de junio contra Suiza, para lo que tendrán que volar 400 kilómetros, hasta Rostov.

Después tendrán que hacer un gran salto de 2.000 kilómetros para medirse a Costa Rica, antes de su último encuentro en el grupo de la primera fase, ante los serbios en Moscú. AFP

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