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Maldición de las ‘urracas’ que mira de reojo a Manchester City

No ver al Manchester City campeón de esta Premier League parece imposible a fecha de hoy. Su renta respecto al segundo clasificado, el Manchester United, es de doce puntos, pero lo que prima por encima de los datos es el nivel de juego de los de Pep Guardiola, que han alcanzado el culmen del proyecto del español y miran ya a los cuatro grandes títulos de tú a tú.

Sólo una brecha, abierta por la fantasía y anarquía del Liverpool de Jürgen Klopp, parece generar la duda de si esta liga está acabada o aún existe un detalle en este juego capaz de resucitarla.

Doce puntos en enero parecen un colchón suficiente para que un equipo de la talla del City sea capaz de amarrar el título. Las especulaciones incluso disciernen sobre con cuántas jornadas de anticipo se proclamará campeón. Las mismas voces que hace tan solo unos días especulaban sobre si este equipo conseguiría igualar al Arsenal de “Los Invencibles”, que se mantuvo invicto durante toda la temporada 2003/2004.

Con esta primera predicción fuera de juego tras la derrota en Anfield, los ‘Citizens’ tienen un espejo en el que mirarse para no repetir los mismos errores que la Premier ya conoce, y que se ciernen sobre el casi intocable equipo celeste.

Newcastle United de la temporada 1995/1996, entrenado por Kevin Keegan, siguió un camino parecido a los de Guardiola y llegó a mediados de enero, con, casualmente, una renta de doce puntos sobre, otra casualidad, el Manchester United.

Las ‘urracas’ abrieron una brecha que les permitió soñar con un título de liga que se les resistía desde 1927, es decir, casi setenta años para romper una maldición que se tornaría más cruda aún con el paso de las jornadas.

Inexpertos como eran en estas situaciones jugadores como Les Ferdinand -que anotó 29 goles aquella campaña-, Faustino Asprilla y Keith Gillespie e incluso el veterano Peter Beardsley, el club de Saint James Park se las apañó para sumar 19 victorias, tres empates y tres derrotas antes del fatídico mes de febrero en el que las ‘urracas’ se tiñeron más de negro que nunca.

Una derrota en el campo del West Ham forjó el inicio de una racha de dos victorias en siete partidos, mientras que el United, dirigido por Alex Ferguson y con Eric Cantona a los mandos, redujo la distancia poco a poco.

Cantona, recuperado para la causa tras cumplir la sanción que le apartó de los terrenos de juego durante ocho meses por agredir a un aficionado, anotó catorce goles en la segunda vuelta de la competición, incluyendo un tanto vital en la casa del Newcastle en la jornada 29 que dejó a los ‘Red Devils’ a un punto de los de Keegan.

Dentro de la plantilla del Newcastle, solo el inglés David Batty, que había jugado en el glorioso Leeds United de Gordon Strachan, sabía lo que era ganar la liga inglesa, aunque de aquello habían pasado ya cuatro años y su rol en los blanquinegros era prácticamente residual.

El resto del equipo, muchos jóvenes, otros veteranos, pero la mayoría novatos en la tarea de liderar una de las mejores ligas del mundo, se vino abajo, se diluyó en favor del gigante de Manchester y cedió la liga en la mayor debacle de un líder en la historia del fútbol inglés.

Los de Ferguson se coronaron en la última jornada con cuatro puntos de ventaja sobre el Newcastle, cuyos jugadores entregaron el título en su estadio, con un triste empate ante el Tottenham Hotspur.

Aquel equipo de Keegan, que la temporada siguiente mantendría la mayoría del bloque y se reforzaría, además, con el goleador Alan Shearer, volvió a ser subcampeón en la 1996/1997, y sus aficionados, a día de hoy, aún esperan que el fútbol les devuelva aquella liga, que, cual urraca, el Manchester United les robó de su nido.

Guardiola tiene la advertencia cerca, ese Newcastle ni siquiera tuvo competición europea que le distrajera de sus labores domésticas, mientras que el City sueña con ganar las dos copas inglesas, la liga y la ‘Champions League’, por lo que perder más puntos no es la quimera que se pensaba.

Jose Mourinho, con la estela de Ferguson en los libros de historia, espera agazapado cualquier error o tropiezo, porque el destino de esta Premier aún no está escrito y es que, aquella maldición que aún sobrevuela Newcastle, comienza a mirar de reojo a la zona celeste de Manchester.

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