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Drogas, alcohol y una vida de excesos: la historia de Jon Jones estrella de la MMA

La máquina estadounidense Jon “Bones” Jones es una leyenda dentro de la UFC y este sábado volverá a subir al octágono para ponerle fin a una de las mejores rivalidades de la historia de la compañía de Artes Marciales Mixtas.

La mayoría de los fanáticos llegó a considerar que el neoyorquino iba a ser el mejor peleador de la categoría semipesados durante toda su carrera deportiva, sin embargo, varias acciones extradeportivas y la indisciplina debajo del ring lo hicieron tocar fondo.

Fueron cuatro años gloriosos desde su debut en 2008, con victoria ante el brasileño André Gusmao. En ese período, el muchacho que dio sus primeros pasos viendo peleas por Internet se había convertido en el campeón más joven de la UFC con 23 años y ocho meses, defendió ocho veces consecutivas el título, y fue el primer luchador de MMA patrocinado por Nike.

Pero su cabeza no soportó tamaño ascenso. Su estilo impredecible y sus potentes golpes con las rodillas y codos (por los que se ganó el apodo de “Bones”, huesos en inglés) se vieron opacados por una serie de acciones polémicas por las que terminó separado de la empresa y destituido del título de campeón que tantas veces había protegido.

En 2012, comenzaron sus problemas. Un 19 de mayo estrelló su Bentley Continental GT y fue arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol. Pasó unas horas en un calabozo hasta que su madre lo fue a buscar, el tenía tan solo 24 años.

Un tiempo más tarde se iba a suceder una serie de conflictos que iban a ser totalmente perjudiciales para el luchador. En 2015, a días de haber derrotado al actual campeón Daniel Cormier y en lo que fue su última defensa del título, “Bones” dio positivo en un control antidoping por cocaína.

“Era un adicto a las drogas. Una de las cosas de las que la gente no se da cuenta, es que puedes ser un adicto a las drogas incluso si eres un fumador de hierba. No hace falta consumir drogas fuertes para ser un adicto”, relataba en una entrevista posterior a su paso por un centro de rehabilitación.

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Tres meses habían pasado de aquella noticia cuando un nuevo incidente lo volvió a hacer protagonista. Un domingo por la mañana el talentoso luchador provocó una triple colisión de vehículos, producto de haber pasado un semáforo en rojo, y terminó dándose a la fuga. Horas más tarde se entregó y pagó una fianza de 2500 dólares. Sin embargo, una mujer embarazada, que iba en uno de los coches, terminó con una fractura en uno de sus brazos y el episodio tuvo una gran repercusión mediática.

A raíz de las constantes noticias negativas de Jones, Dana White tomó una drástica decisión: lo borró de la empresa y le quitó el título que tantas veces había defendido, “Está en un proceso legal. Muchas cosas se han dicho desde ese día, la mayoría son mentiras. Queremos platicar con Jon y escuchar su versión”, se limitó decir el presidente de la UFC.

Un año de ausencia. Un año en el que sólo luchó contra sí mismo para volver a ser el que fue. Lo logró y ya estaba devuelta. En abril del 2016 había vencido a Ovince Saint Preux y parecía que todo iba a regresar a la normalidad.

Tenía que volver a verse la cara con Daniel Cormier, el nuevo campeón tras su alejamiento. Este aceptó el combate, pero, dos días antes del evento la Agencia de Antidoping de Estados Unidos (USADA) decidió descalificarlo automáticamente después de haber detectado sustancias prohibidas en el luchador: Hydroxy-Clomiphene y Metabolitos de Letrozole (un bloqueador de estrógenos y un agente que sirven para ocultar el uso del primer producto).

Este sábado, a un año de aquella última polémica, se llevará a cabo la pelea tan esperada por el título entre Daniel Cormier y Jon “Bones” Jones. Podrá resurgir de sus cenizas un peleador que lo tuvo todo y lo perdió, o podrá ser el final de una leyenda. (Infobae)

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