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Boxeo

“En busca de Muhammad Ali” descubre la cara más íntima de la leyenda

“El poeta del ring”, “el rey filósofo del boxeo” o “el más grande de todos los tiempos” son algunos de los adjetivos con los que Davis Miller describe a su protagonista en “En busca de Muhammad Ali”, un relato sobre la cara más íntima del tres veces campeón del mundo que se publica ahora en castellano.

“Transformó más vidas durante su existencia que ningún otro jamás, era un ángel”, adelanta Miller (Carolina del Norte, Estados Unidos, 1953) en esta entrevista con Efe, en la que, al igual que en su nuevo libro, descubre cómo era en primera persona el boxeador de Louisville (Kentucky), con el que mantuvo una larga amistad desde 1988 hasta sus últimos días.

Una historia a medio camino entre la literatura y el periodismo, colmada de relatos sobre el vencedor de combates épicos contra George Foreman o Joe Frazier, con algunos de los considerados mejores artículos deportivos del siglo XX en Estados Unidos.

“En busca de Muhammad Ali. Historia de una amistad” (Errata Naturae) es un retrato íntimo del personaje “más conocido del mundo”, en el que Ali se convierte solo en Muhammad, el amigo, marido, hijo, padre y hermano que “se reveló como lo mejor del significado de ser humano”, destaca el autor, que tiene en marcha el proyecto de la película.

Miller, escritor y luchador aficionado a quien la figura del protagonista le “salvó” la vida, va más allá del deporte y se centra en el Ali más terrenal tras colgar los guantes, como inspiración de millones de personas y un icono del pasado siglo en su lucha por la paz y los derechos civiles.

“Yo podría haber sido vendedor de zapatos o de coches, pero gracias a él descubrí mi pasión por escribir”, relata Miller, cuyas crónicas de sus encuentros con el púgil le llevaron a ser uno de los grandes críticos del periodismo deportivo.

Este recorrido sobre los aspectos más cotidianos de un ser humano “extraordinario” comienza con Ali en una caravana en la casa de su madre y, a través de la amistad que se forja entre ambos, descubre a la persona detrás del mito, que vive por y para los demás, que regala sus trofeos y reparte su fortuna entre los admiradores.

Un Ali despreocupado por el dinero y las posesiones, más centrado en escribir, leer y rezar, con su otrora templo de músculos convertido en “un buda amable”, que supo disolver finalmente su ego en una espiritualidad exuberante y defendía “el amor” como religión universal.

“En busca de Ali” muestra también a la persona entrañable detrás del boxeador más hablador que se haya subido al cuadrilátero, un Ali que no se cansa de divertir a los niños con sus trucos de magia y que busca el contacto con la gente, desde la cafetería de su pueblo hasta en sus viajes internacionales, mientras afronta el parkinson con el apoyo de su mujer, Loonie, y su familia.

Un libro en el que se puede “sentir su compañía”, afirma Miller, que cuenta cómo de adolescente, tras perder a su madre, superó su depresión al conocer por la radio la existencia de este genio irreverente, que conmocionó al mundo con 22 años al proclamarse campeón de los pesos pesados tras derrotar a Sonny Liston.

“Ali estaba destinado”, exclama el literato, pues “demostró que todos sus rivales eran mortales” a base de golpes, con su característico baile de piernas que le hacía “volar como una mariposa y picar como una abeja”, tal era “la belleza que creaba al boxear”, aderezada por su forma de predecir sus victorias cual profeta.

“Era un niño grande y universal”, le describe el escritor, que dice que pese a su carácter arrogante, fanfarrón y bromista “había música y sabiduría en sus palabras”.

La admiración que causó en todo el mundo, prosigue el periodista, respondía a que fue “el primer ciudadano del mundo” gracias a la televisión por satélite y “su belleza física, nobleza y dignidad”.

También destacó por mantenerse en pie toda su vida para “hacer lo que era correcto”, sin postrarse ante nada: “ni ante sus rivales, ni ante el Gobierno norteamericano, ni ante el parkinson”, relata Miller, que apunta a que esta enfermedad le hizo “más humano”.

Tras su fallecimiento el pasado junio “jamás habrá otro igual”, sentencia Miller, que cree que el único que se le acerca es Barack Obama, pues ambos “conmocionaron al mundo” y pensaron “más allá de sus fronteras”.

“Todo lo que he hecho, todos los elogios, toda la fama, no significan nada. Todo es polvo y nada más”, afirmaba Muhammad, recordado en esta historia humana que es “En busca de Ali” como la mota de estrellas más luminosa del universo, con sus ojos de niño todavía brillando a través de estas páginas. EFE

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