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Béisbol

Despedidas beisboleras

Por: Jacobo Goldstein

Desde hace muchas décadas, se han visto tremendas despedidas para superastros del béisbol de grandes ligas. En antano, se despedía a un gran jugador con un tributo llevado a cabo en estadios caseros llenos de aficionados que venían a despedirse de sus ídolos. Fue así que se despidió en grande en el Estado de los Yankees a figuras históricas como Lou Gehrig, Babe Ruth, Joe Di Maggio y Mickey Mantle. También en Fenway Park, en el Estadio de los Medias Rojas de Boston se le dio una gran despedida a Ted Williams, que por cierto en su último turno al bate después de una gloriosa carrera, conectó un jonrón. Luego vivimos la despedida que los Esquivadores, en su estadio en Los Ángeles, le dieron al mejor lanzador zurdo de nuestros tiempos, Sandy Koufax.

Mas en tiempos recientes, los astros se despiden gozando de ceremonias especiales en cada estadio en que juegan en su última temporada, seguidos con una despedida en el estadio casero. Ese fue el caso de Mariano Rivera, el mejor relevista de nuestros tiempos que jugó toda su carrera con los Yankees de Nueva York.

Lo mismo pasó con la gira de despedida de Dderek Jeter en varios estadios. Lo mismo está sucediendo con David (El Papi) Ortiz, la estrella de los Medias Rojas de Boston, que a los 40 años está dejando récords de despedida, pues nadie antes de la edad de Otizo había cerrado su carrera conectando por lo menos 30 jonrones e impulsando más de 100 carreras. Al paso que va El Papi, de seguro no permitirán jubilarse.

Y dejo la última despedida para alguien sobre el cual ya escribí, el hombre que ha narrado los partidos de béisbol durante 66 años consecutivos, cubriendo los partidos de los Los Esquivadores de Los Ángeles, comenzando en 1950, cuando se llamaban Los Esquivadores de Brooklyn. Sin ir de estadio a estadio diciendo adiós, Vin Scylly ha estado recibiendo visitas en la cabina de Los Ángeles desde donde transmite. Estas visitas consisten en managers, asistentes, réferis y jugadores de todas las escuadras que llegan al estadio de los Dodgers, que usan el elevador para ir a la cabina de Scully para tener el honor de una foto con él y hasta su autógrafo, honrando al gran narrador que ha hecho historia con siete décadas frente a los micrófonos y las cámaras de televisión.

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