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Juegos Olimpicos

Con carnaval, Río clausura los Juegos; cede posta a Tokio

Con un espectáculo carnavalesco, Río de Janeiro despidió los primeros Juegos Olímpicos realizados en Sudamérica. Y aunque habrá brasileños que sientan “saudade”, muchas personas respirarán aliviadas cuando se extinga la llama del pebetero.

La ceremonia de clausura comenzó con la cuenta regresiva, marcada por un reloj de pulsera como el que usó Alberto Santos Dumont, el brasileño considerado además pionero de la aviación y homenajeado en el espectáculo. Los brasileños afirman que un amigo de Dumont ideó ese tipo de reloj para que el aeronauta pudiera ver la hora mientras operaba su avión.

Tal como lo hizo en la ceremonia inaugural hace más de dos semanas, Brasil apeló de nuevo a su música como carta credencial para conmover al mundo. Un frenético ritmo de Sambódromo marcó la entrada de un grupo de bailarines con trajes multicolores.

A la manera de una bandada de papagayos, formaron en la cancha del Maracaná las siluetas de lugares emblemáticos de Río, como el Pan de Azúcar y los Arcos da Lapa. El cantautor popular Martinho da Vila interpretó después “Carinhoso”, un viejo tema de 1917.

Los primeros Juegos efectuados en un país latinoamericano, los de México 1968, ilustraron que esa nación era capaz de sacar adelante un suceso de esta envergadura, pero quedaron marcados por la matanza de estudiantes, cometida apenas 10 días antes de la ceremonia inaugural.

La secuela latinoamericana en Río no podrá relatarse dentro de años sin hacer mención a los sobresaltos por los que pasó su organización o a la crisis política y económica que castiga al país desde meses antes de que fuera anfitrión del mundo.

Como un simbólico capricho meteorológico, los nubarrones negros cubrieron Río de Janeiro desde las horas previas a la inauguración. Un viento intenso soplaba en el Maracaná, meneando las tramoyas donde están emplazadas las luces y haciendo que cayera con estrépito al menos una valla de seguridad en la entrada del famoso estadio.

Cuando atletas de todos los países entraron con sus banderas para ocupar sus asientos a nivel de cancha como los agasajados del festejo, un aguacero se abatió sobre ellos.

Los organizadores de Río 2016 tuvieron que desafiar incluso al clima.

Al final, los Juegos resultaron brillantes en lo deportivo y no experimentaron problemas graves para desarrollarse durante 17 días, a no ser por la tonalidad verde que adquirió el agua en un par de piscinas, lo que se corrigió días después.

“En Brasil hacemos las cosas a lo latino, lo que a veces enloqueció a algunos miembros del COI”, señaló el alcalde de Río, Eduardo Paes. “Si quieren ser justos con Río, no pueden compararnos con Tokio, Chicago o Madrid. Esas son ciudades con mucha mejor infraestructura, en países desarrollados. Comparen a Río con Río”.

Durante los Juegos, la mayor vergüenza que atestiguó el mundo tuvo nombre y apellido: Ryan Lochte, el nadador estadounidense borracho que causó destrozos en una gasolinera y luego inventó que lo habían asaltado.

Más tarde, Río hará entrega de la bandera olímpica a los representantes de Tokio, la ciudad que albergará los Juegos en 2020. Y el gran compromiso que debió cumplir la ciudad brasileña en condiciones adversas quedará atrás.

En otros asuntos nacionales, la tormenta no se disipará tan pronto. Por eso, los principales políticos del país han preferido ausentarse de la ceremonia de clausura.

Abucheado en la ceremonia inaugural, el mandatario interino de Brasil, Michel Temer, prefirió no asistir al fin de fiesta. Tampoco está la presidenta Dilma Rousseff, separada temporalmente del cargo para enfrentar un juicio político por supuestas irregularidades en la gestión del presupuesto público.

Así, un festejo que suele servir de escaparate para los gobernantes del anfitrión, se ha quedado con esos puestos vacíos en el palco de honor. Pero tiene la música y alegría de los brasileños, y con eso basta. AP

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