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Fútbol Nacional

Brasil clausura su fiesta con carnaval y los oros más deseados

Los Juegos Olímpicos se despiden con la resaca del oro de la Canarinha y las lágrimas resecas de 200 millones de personas, que lloraron cuando su estrella Neymar les entregó su medalla más importante. Horas después, su voleibol completó la fiesta antes de que el Carnaval ocupara el Maracaná.

A nadie le importa ya en Brasil que su país ocupe el decimotercero puesto del medallero, a la altura de Jamaica, Kenia o Croacia.

Porque los Juegos de Rio son los Juegos de Usain Bolt, Michael Phelps, Simone Biles… y de Neymar.

La seleçao colgó al fin en su vitrina el único trofeo importante que le quedaba por ganar, acabando con una maldición que duraba toda la vida.

“Hoy hemos hecho historia. No encuentro palabras para describir este sentimiento”, sostuvo el delantero muy emocionado.

Como los héroes cuando realizan una gran gesta, Neymar decidió dar un paso a un lado y quedarse en un segundo plano a partir de ahora.

“Hoy me he consagrado campeón y entrego el brazalete de capitán, fue algo que recibí y la honré con cariño. Fue un honor ser el capitán pero a partir de hoy dejo de serlo”, señaló el crack.

Lo que no pudieron conseguir mitos como Romario o Ronaldo lo hizo Neymar, que sirvió de inspiración y le entregó el testigo dorado este domingo a su selección masculina de voleibol.

En un país donde el fútbol es religión, el voleibol es el segundo deporte más importante. Y uno en el que la auriverde también consiguió espantar sus fantasmas más de una década después.

Brasil llegaba a su cuarta final consecutiva pero había perdido las dos últimas. Este domingo, contra Italia, cambió su suerte.

Como en 2004, cuando derrotó a la Azzurra en su último título olímpico, la Canarinha se consagró rey del voleibol mundial en tres parciales de 25-22, 28-26 y 26-24.

Historias paralelas que se cruzaron por fin en Rio. Las dos medallas más esperadas se quedaban en casa.

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