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Deporte Nacional

COLUMNA DE NILDO NÚÑEZ: No hay que levantar polvareda…

Por: Nildo Núñez

¿Habrá alguien en Honduras que quiera leer una nota de fútbol después que los brasileros nos metieron 6 goles? Crees que de repente hay algún masoquista escondido por ahí, dispuesto a darse un banquete de amargura para saciar su necesidad de autoflagelarse, enterándose el ¿por qué de tanta sana de los anfitriones de las olimpiadas con nuestros queridos colores patrios?

Para mí que no, para mí que son cosas tuyas el que es mande la nota en cuanto termine el partido, para que tenga que sufrirlo yo de nuevo repasando todo, yo justamente que andaba cargado de optimismo con este cuadro catracho de la olimpiada, porque para mí jugó bien todos los partidos menos el de hoy, incluso aquel que perdió contra

Nildo Núñez

Nildo Núñez

Portugal y les digo que hubo una cosa funesta esta tarde, cuando los equipos entraron a la cancha.

 

 

Decime Lazzari, ¿a quién se le habrá ocurrido hacer jugar a los muchachos con esa camiseta rayada de los tiempos de Chula Gómez, que no es nada contra él porque era tremendo jugador y mejor amigo. Decime si sabes a quién se le pudo haber ocurrido? Porque el que hizo eso, no sabe nada de amuletos, de cabalas, de pócimas de la suerte. Si veníamos notables jugando con esas camiseta oscura, de colores sólidos y parejos. La camiseta es como el cuadro señor, cuando se gana no se toca, porque tiene suerte, porque trae suerte.

No será que alguno dijo: Vamos a jugar con los colores patrios, para demostrarle al mundo que somos catrachos, que defendemos con honor los colores de nuestra bandera. Pero justo hoy, con Brasil, en el Maracaná, que es como si te la pararas encima de la cola a un león, dándole la oportunidad de romperte a pelotazos el poco patriotismo que te quede. Por eso digo que ya desde antes del partido, sentía como un temblor de duelo.

Después me agaché a levantar algo que se me había caído y cuando levanté la cabeza ya perdíamos uno a cero. Si para mi todavía no había comenzado el partido, si yo creía que recién iban mover.

Pero con todas esas contras prematuras, todavía tenía optimismo. Pensaba y era una manera de no contradecirme, que lo mejor que te puede pasar cuando un equipo es muy superior al tuyo, es que te haga un gol de entrada, enseguida, para evitarte el desgaste que ocasiona estar luchando por el empate 30 o 40 minutos, hasta que te hacen el gol cuando ya te tienen medio despatarrado por el esfuerzo. Hasta con ese gol en contra todo iba bien.

EL PESO DEL MARACANÁ
El peso del Maracaná se siente. El furor de las tribunas puede hacer temblar las piernas de cualquiera, asustar a cualquiera. Y los muchachos estaban nerviosos. Los pases no salían, el manejo no aparecía. Hubo dos pelotas largas una para Quioto y otra para Ellis, las dos, mal tiradas, sin posibilidades de control para ambos. Después el árbitro por un ratito flechó la cancha, sacó dos o tres tarjetas amarillas seguidas, intimidó. Todo para cuidar a Neymar, tal vez ya se lo habían dicho. Vaya a saber, pero no le vamos a echar la culpa al juez por la derrota. En los goles no tuvo nada que ver, me parece.

Pero también hubo culpas nuestras. Al igual que en todos los partidos anteriores, jugamos con cinco hombres en el fondo. Con Palacios en el medio de cuatro defensores más. Había dado resultado, pero cuando te comienzan a meter pelotas atrás de esa línea, entonces estás muerto. Así llegaron varios goles brasileiros y me parece que si juegas con cinco atrás, debes dejar que uno de ellos juegue de último, precisamente para cuidar las espaldas de los compañeros. Con cuatro en línea sería lo mismo y hay equipos exitosos que todavía lo hacen.

El medio siempre con poca gente. Pero había dado resultado, Pinto se la jugaba con recuperar y lanzar. Ahora cuando frente hay un cuadro de manejadores, hay que ponerle más resistencia, porque la tenencia de la pelota jugando de esa manera, siempre pertenece al rival. Por eso, en el segundo tiempo Honduras se vio mejor.

El ingreso de Óscar Salas le dio más fútbol al equipo. Pero ya estaba todo el pescado vendido. Y no te digo amigo, si esto no te alcanza, la seguimos mañana o la semana que viene. Lo que no hay que levantar mucha polvareda con la derrota esta. Es un partido que se perdió contra un gran equipo dueño de casa. Los muchachos se portaron bien, hicieron lo que humanamente pudieron. Lo que pasa que siempre estamos esperando un triunfo grande para poder festejarlo y en cualquier oportunidad que haya, nos llenamos de optimismo y de deseos de victoria. Pero es difícil, no siempre se puede. Hay que seguir luchando, sin pelearnos, sin cargar las tintas. No podemos tener selecciones fuertes con ligas débiles y esa es una cosa que todo el mundo tiene que entender para poder suavizar estos tragos amargos de las grandes derrotas.

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