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Hamilton avanza hacia su tercer título tras darse un paseo real en Monza

El inglés Lewis Hamilton dio un gigantesco paso en su afán por lograr su tercer título mundial de Fórmula Uno al ganar este domingo el Gran Premio de Italia, en Monza, donde se aprovechó del abandono a dos vueltas del final de su compañero y rival alemán Nico Rosberg, que quemó el motor de su monoplaza.

Hamilton, de 30 años, se exhibió en la legendaria pista del Parque Real lombardo, donde logró su séptima victoria de la temporada, la cuadragésima desde que pilota en Fórmula Uno, por delante del alemán Sebastian Vettel (Ferrari), que fue segundo, y Felipe Massa (Williams), que también subió al podio.

El astro inglés no sólo se marcó un rotundo ‘Grand Slam’ -victoria desde la ‘pole’, liderando la carrera desde principio a fin y marcando la vuelta rápida- en el templo de la velocidad, sino que se anotó su tercer triunfo en Monza después de haber comandado absolutamente todas las tablas de tiempos del fin de semana.

Lewis suma y sigue, con el pedal a fondo. El sábado se había anotado su cuadragésimo novena ‘pole’, fortaleciendo su tercera mejor marca de todos los tiempos en esa categoría; y este domingo se colocó a tiro de una de la tercera marca histórica de triunfos, que, desde el pasado Gran Premio de Hungría comparten Vettel y el malogrado Ayrton Senna, que ganó tres títulos para Brasil antes de fallecer en accidente durante el GP de San Marino del 94, en Imola.

Hamilton ganó con claridad, pero no sin suspense, ya que no se vio acreedor a una más que merecida victoria hasta más de dos horas después del final de la carrera, una vez concluida una investigación sobre una hipotética irregularidad en la presión de los neumáticos de su triunfal ‘flecha de plata’.

Tras el inesperado abandono de Rosberg, a dos vueltas de meta y cuando rodaba tercero, Hamilton reforzó aún más su liderato: a falta de ocho pruebas, comanda el certamen con 252 puntos, 53 más que su antagonista, que llegó feliz por su recién estrenada paternidad a Monza, donde se dejó, no obstante, medio mundial.

Vettel -que encabezó la época gloriosa de Red Bull, con cuatro ‘dobletes’ entre 2010 y 2013- ya está, con 178, a sólo once puntos de su compatriota, tras su segundo puesto de este domingo en Monza. Feudo ferrarista por excelencia, donde se aplaudió el tercero de Massa, que antes de correr para Williams lo hizo ocho años de rojo.

El paulista, que recibió la visita de su compatriota el internacional jugador del FC Barcelona Dani Alves, repitió en Italia su tercer puesto de Austria, en una carrera en la que el doble campeón mundial español Fernando Alonso (McLaren) se retiró a cuatro vueltas, “para evitar daños mayores”. En espera de jornadas menos duras en Singapur, dentro de dos semanas y plenamente consciente de que, en el peor año de la escudería de Woking, en su reencuentro con el motorista japonés Honda, hay que olvidar pronto y pensar en 2016.

Carlos Sainz (Toro Rosso) puso fin a su mala racha de cuatro abandonos, volvió a sacar todo su talento y, sin estar exento de las múltiples sanciones que embadurnan la competición, acabó undécimo tras salir decimoséptimo, mientras que el tercer español en pista, Roberto Merhi (Manor) fue superado esta vez por su compañero, el inglés Will Stevens.

Hamilton salió bien, mientras que el finlandés Kimi Raikkonen (Ferrari), segundo en parrilla, se quedó clavado y fue rebasado por el resto de los pilotos, antes de salvar los muebles remontando hasta el quinto puesto final, por detrás del otro Williams de su compatriota Valtteri Bottas. Y sólo tras rebasar al final de la prueba al mexicano Sergio Pérez, que firmó un más que meritorio sexto puesto, clamando a gritos la renovación por Force India.

Rosberg, que ya tuvo problemas el sábado y arrancó cuarto, fue superado a las primeras de cambio por Massa y Bottas, que el año que viene volverán a formar pareja en la escudería de Sir Frank.

En quince de las 53 vueltas que se dieron a la pista lombarda, Hamilton ya le llevaba ocho segundos a Vettel y 16 a Massa, con Rosberg atracando a un Bottas que se resistió hasta que el hijo del mítico Keke (campeón del mundo para Finandia en 1982) paró en el giro 19, uno antes que Massa: una maniobra estupenda en la que, de una tacada, en la reordenación, ganó dos plazas sobre los Williams.

Vettel paró en la vuelta 26 y Hamilton lo hizo una más tarde, pasando ambos de neumático blando al duro. El inglés no sólo volvió a pista en primer lugar, sino que siguió aumentando su ventaja, por lo que lo único que parecía en juego en las vueltas finales era ver si Rosberg alcanzaría a ‘Seb’.

No sólo no fue así, si no que a falta de dos giros, Nico protagonizó el primer abandono en lo que va de (triunfal) año de un Mercedes, al quemar el motor del suyo.

Pero algo raro parecían olerse en el garaje de la escudería de Brackley cuando a Hamilton, que llevaba veinte segundos de ventaja sobre Vettel, le pidieron por radio que tirase a tope y no preguntase el porqué de la petición.

Al final, Hamilton salió victorioso en una prueba en la que el australiano Daniel Ricciardo (Red Bull), sancionado con la pérdida de 25 puestos en parrilla protagonizó la remontada del día, al acabar octavo -por detrás del alemán Nico Hülkenberg (Force India)- tras arrancar decimonoveno.

Pero el inglés aún tuvo que ir a declarar ante los comisarios, que inicialmente también llamaron a su compañero y a los dos Ferrari, para añadir más incertidumbre a la auténtica ceremonia de la confusión en la que se está convirtiendo la F1 con la aplicación, a ratos surrealista, de su reglamento técnico.

Al final Hamilton -que llegó a Monza de rubio platino, con águila tatuado al cuello y quemando goma sobre una motocicleta de alta cilindrada- no fue sancionado. Y el astro inglés podrá preparar su próxima excentricidad con miras al Gran Premio de Singapur, que se disputará en horario nocturno dentro de dos semanas en Marina Bay. EFE

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