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Intolerancia y frustración

Héctor Orellana
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Lo que sucedió el pasado sábado en el estadio Yankel Rosenthal, una vez terminado el partido entre Marathón y Real España, no es más que una muestra de la realidad que se vive en el país, donde sobresale el irrespeto, la intolerancia y la frustración, y todo eso al final se convierte en violencia. Como muchos dicen, el fútbol es una válvula de escape, efectivamente, pero puede ser positiva o negativa. Si su equipo ganó se olvida de los problemas; sin embargo, si su equipo perdió, estos aumentan y quiere desquitarse su enojo hasta con el que menos tiene la culpa.

¿Por qué los acontecimientos deportivos deben de estar rodeados de medidas de seguridad? ¿Por qué las barras tienen que llegar a los estadios como “borregos” rodeados por cientos de policías? ¿Qué hace que los partidos de fútbol se utilicen como excusa para generar violencia? ¿Somos violentos por naturaleza? ¿Necesitamos vías de escape para liberar la agresividad que algunos llevan dentro? Todas esas preguntas quedan en el aire.

En muchas ocasiones se utilizan rivalidades políticas, en otras ocasiones el alcohol o las drogas. En otros, en cambio, es algo tan “simple” como el uso de la violencia como forma de “expresión”, de modo de vida, sin sentido alguno.

El fútbol es el deporte mayoritario, el más seguido, el que tiene los estadios más grandes, el que despierta más pasiones, el que los aficionados siguen a su equipo como una religión, donde, por parte de muchos, se considera al rival como “el enemigo” a batir sea como sea. Todas o casi todas las noticias de la prensa escrita, de la televisión y de los periódicos deportivos giran alrededor del fútbol. ¿Tendremos alguna responsabilidad por la forma como manejamos la nota deportiva?

A los dirigentes del fútbol, les queda una tarea, antes de cualquier fin económico, deben montar campañas para educar o disciplinar al aficionado. Creo que si no se trabaja en la prevención, los estadios se convertirán –o ya son– “cuevas” de fanáticos y aficionados agresivos. Ya hemos visto por televisión de lamentables acontecimientos cuando aficionados de equipos contrarios se han agredido y se han convertido los enfrentamientos en verdaderas “batallas campales” como la del pasado sábado.

Si deseamos paz en nuestro país empecemos por respetar al otro y fomentar relaciones fraternas.

 

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