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Atentado al Real España

En Honduras nos estamos acostumbrando a los muertos, a la sociedad ya no le sorprende cuando asesinan a una o varias personas. Ya no es noticia pleitos entre barras, se piensa que no tiene que ver la violencia en el fútbol porque el crimen ocurre lejos del estadio. Entonces nos vamos a volver a sorprender hasta cuando maten a un jugador que esté por sacar un saque de banda.

Y digo esto porque el pasado sábado el autobús que llevaba de regreso, a San Pedro Sula, al equipo de reservas del Real España fue tiroteado por enajenados mentales, que se dieron a la tarea de seguir la unidad de trasporte con propósitos funestos hasta la salida del norte.

Este hecho delincuencial digno de una investigación, ha pasado inadvertido hasta por las autoridades policiales, que excusan su ineficacia en un simple hecho estadístico en el que nunca se conocerán a los culpables. Siendo trágico e insensible me imagino que tuvo que haber muertos para que se haya desatado toda una serie de investigaciones.

Mi raciocinio no encuentra una razón lógica al odio por el color a una camiseta, o por un simple equipo de fútbol que llevan a estos enajenados mentales a la irracional idea de matar a otra persona solo porque es de otro club.

Todo esto tiene un génesis en las barras bravas, violencia pura, peleas, muertes, heridos, etc. Existe un odio latente entre las barras contrarias, cada vez que se juntan termina en violencia, en las calles, en el estadio, no importa el lugar, si las barras se encuentran terminan peleando.

Mientras todo esto pasa, la ley contra la violencia en los estadios duerme el sueño de los justos en alguna gaveta de varios curules en el Congreso Nacional.

Por: Marcial TORRES XATRUCH
@marcialxatruch

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