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Cuando la soberbia es pecado, pero no delito

Inició la era Jorge Luis Pinto y con esto la ilusión de más de 8 millones de hondureños que esperamos el ansiado cambio de la bicolor nacional, aunque para esto el colombiano tenga que batallar contra algunos detractores, que desde ya lo cuestionan y lo señalan como una persona “controladora y exigente”.

En conferencia de prensa brindada el domingo anterior, el seleccionador dejó en claro que la soberbia, prepotencia y “chabacanada” no van con él y hasta se atrevió a “corregir” a algunos colegas que intentaron sorprenderlo durante el histórico acontecimiento.

Acertado o no en la escogencia de 27 futbolistas, el técnico ha demostrado que llega con toda la intención de cambiarle el “chip” a varios jugadores del ámbito local y desde ya anuncia que los cortes al estilo Neymar o los “aretes” que puso de moda el costarricense Hernán Medford, tendrán que guardarse en el baúl de los recuerdos, ya que el proceso rumbo a Rusia 2018 es una realidad.

Pese a que hemos coincidido en algunos escenarios deportivos, todavía no he tenido la oportunidad de dialogar con Jorge Luis Pinto, pero le he seguido la pista a sus comentarios y múltiples reproches que van y vienen en su contra, porque lo catalogan como alguien “obsesivamente” enfocado en la obtención de resultados.

“Yo soy exigente, con el cuerpo técnico, jugadores y directivos, he tenido diferencias porque no comparten… mi estilo y mi forma, yo quiero compromiso, quiero entrega, y no comparto actitudes delicadas”, ha manifestado Pinto en sus escasas comparecencias ante los medios de comunicación.

Dejando en claro que la arrogancia, su liderazgo autocrático y la prepotencia que en este momento le achacan, es una de las “cualidades” que tendremos que “asimilar”, tomando en consideración que la soberbia hoy por hoy es su gran pecado, pero no es su delito.

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