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A dos años para JJOO de Río, atletas cariocas no tienen ni estadio

Los atletas de elite de Río de Janeiro carecen de un estadio adecuado para sus entrenamientos en la ciudad que albergará los Juegos Olímpicos de 2016, algo que la federación regional de atletismo calificó hoy como “gravísimo”.

“Sentimos una gran decepción por el desprecio con el que estamos siendo tratados tanto por los políticos como por los dirigentes del Comité Olímpico Brasileiro y del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos”, dijo a Efe el presidente de la Federación de Atletismo del estado de Río de Janeiro, Carlos Alberto Lancetta.

El problema surgió en 2013 cuando las autoridades decidieron cerrar y demoler en parte el estadio Célio de Barros, el más importante coliseo del atletismo carioca, para convertirlo en un aparcamiento. Su proximidad al estadio de fútbol Maracaná y las reformas dictadas por la FIFA para el Mundial 2014 sellaron su certificado de defunción.

Desde entonces, pese a sus airadas protestas, los atletas cariocas se entrenan donde pueden o donde les dejan y, a menos de dos años de los Juegos, Río de Janeiro no cuenta con pistas adecuadas para entrenamientos y menos aún para competiciones.

La situación la agravó el cierre para reformas del Engenhao, el estadio construido en 2007 para los Juegos Panamericanos y que será el escenario de las competiciones de atletismo de los Olímpicos en 2016.

Las obras comenzaron hace un año para paliar un error del proyecto que ponía en riesgo la estabilidad de la cubierta en caso de vientos fuertes y la previsión es que estén concluidas en noviembre.

Pero, incluso así, Lancetta no considera el Engenhao una solución ideal debido a que el estadio también es usado por el club de fútbol Botafogo.

Para el dirigente, “en un país donde la ‘monocultura’ es el fútbol, será el fútbol el que tendrá prioridad de uso del estadio”.

“La mayor parte de nuestros atletas se ha ido a otros estados del país donde encuentran infraestructuras adecuadas para la alta competición e algunos incluso se van a entrenar fuera de Brasil”, agrega.

Consultados por Efe, tanto el Comité Organizador de los Olímpicos como el Comité Olímpico Brasileiro declinaron, por diferentes motivos, hacer cualquier tipo de declaración al respecto.

Tamara de Souza, primera figura nacional en heptatlón y salto de altura, con 20 años y un porvenir deportivo muy prometedor, pensó que sería una gran ventaja disputar los Olímpicos en su ciudad natal pero ahora cree lo contrario.

“Da la impresión de que no se quiere que haya atletas olímpicos en Río. Desde la demolición del Célio de Barros no veo que se tomen soluciones; un día te entrenas en un sitio, al siguiente en otro y esto supone un desgaste tremendo que nos está afectando a todos los deportistas”, dijo a Efe la atleta.

De Souza baraja la posibilidad de irse también de Río. “He tenido muchas oportunidades de ir a entrenarme fuera, pero por ahora me quedo porque en el fondo tengo la esperanza de que, al celebrarse aquí los Olímpicos, las cosas por fin cambien”.

No lo cree posible, sin embargo, el presidente de la Federación, quien alega que el único compromiso que ha obtenido de los políticos es que se reconstruirá el estadio, “pero la obra se ha ido retrasando más y más y ahora nos dicen que se hará cuando finalicen los Olímpicos y eso queda muy lejos de nuestras necesidades”.

Daniel Duarte, especialista en pruebas de 200 y 400 metros lisos y otra de las promesas del atletismo brasileño, se entrena actualmente en la Villa Olímpica do Mato Alto, un gran polideportivo en el populoso barrio de Jacarepaguá cuya pista, para aficionados, fue construida hace ocho años y nunca ha sido restaurada.

“La demolición del Célio de Barros para convertirlo en un estacionamiento es algo muy triste para los cariocas, porque era un estadio con historia donde se celebraron competiciones en las que participaron grandes atletas olímpicos”, explicó el atleta, que aún necesita obtener la marca olímpica, antes de pedirle un grupo de escolares, con sus mochilas, celulares y auriculares, que le dejen libres al menos dos calles para poder entrenar.

Liliana Lohmann, una reconocida saltadora de altura que desde hace más de 20 años prepara atletas de elite, asegura que los últimos dos años han sido de gran dificultad.

“No comprendo cómo llegamos a esta situación”, dice Lohmann, quien denuncia que la estadios fueron cerrados sin que se ofrecieran alternativas.

Hasta ahora entre 20 y 30 deportistas se han marchado de Río en busca de mejores condiciones e instalaciones para afrontar el mayor reto de sus carreras deportivas: unos Olímpicos en casa.

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