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Columna de Nildo: Pare de sufrir

Parece que el título fuera la promoción de una iglesia. O de un remedio milagroso que lo cura todo.

Parece, pero no. Nos referimos al fin del suplicio al que nos hemos visto enfrentados por mucho tiempo, a la terminación de las amarguras, al cierre de una etapa en que la esperanza fue nuestro gran empuje, nuestra razón de ser.

En el fondo todos los sabíamos, pero de todas maneras confiábamos. Nos empujaron a ello las campañas mediáticas, las ilusiones infundadas que nos metieron en la cabeza que nos hicieron creer que se podía soñar, que íbamos a hacer algún milagro.

Hoy que despertamos con la realidad, golpeándonos el rostro, debemos pensar un poco por nosotros mismos, no dejarnos engañar más.

Los que fuimos serios lo dijimos, aún a costa de que se nos tildara como faltos de confianza y apoyo. Dijimos que nuestra selección no estaba a la altura de un campeonato del mundo. Que nos faltaba mucho. Que por más que nuestros muchachos se esforzarán, todo iba a ser muy difícil, cuesta arriba. Pero hubo quien le hizo creer a la gente que se podía ganar, pasarle por arriba a los demás. Ahora, esos mismos, atacan por doquier a los jugadores que son los menos culpables de todo. La realidad es que nuestro fútbol tiene un nivel muy bajo, que nuestro máximo exponente en ese sentido, la Liga Nacional, tiene un nivel pobre. Que los clubes están sin dinero, que la gente ya casi no va a los partidos, que los mejores jugadores que van apareciendo, se venden en cuanto se pueda, para poder solventar los gastos de los equipos. Y además la prédica de siempre sobre las ligas menores. Aunque se hagan selecciones de todas las categorías, aunque se consiga ir a algunos torneos internacionales, están la mayoría descuidadas en los clubes pequeños. Y después o antes como usted quiera, están las cuestiones administrativas.

Y ahí está la parte más grave del asunto. Mientras no mejoremos todos estos aspectos, es difícil que podamos lograr mucha cosa en el fútbol internacional.

Los jugadores hicieron lo que pudieron, lo que son capaces de hacer. Y no hay que andar diciendo que son extraordinarios, estrellas, superdotados.

Por qué después cuando no les salen las cosas les quieren cortar la cabeza los mismos que los endiosaron. Por suerte ya todo terminó, ya sabemos lo que somos. Paremos de sufrir.

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