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Fútbol Nacional

Prepotencia

blabazoUna de las labores más difíciles, complicadas y delicadas dentro del fútbol es la del árbitro, por eso después de cada partido, de lo que más se comenta por todos los rincones y en todos los medios de comunicación es del trabajo arbitral. Casi siempre el equipo que pierde en vez de darle méritos al rival, lo que hace es culpar al juez.

Pienso que lo difícil de impartir justicia, es por la aplicación de las reglas, ya que se da mucho aquello de la interpretación o el criterio arbitral. Los comentarios al final se dan de acuerdo a los intereses, lo que para uno es falta penal, para otro no lo es.

Ahora muchos periodistas ya no quieren referirse al trabajo arbitral, con el argumento que son humanos y que tienen derecho a equivocarse o que el equipo afectado no tiene derecho a reclamar, porque de igual manera fue superado por el rival. Pero no quiere decir que no debemos señalar el comportamiento de ellos, desde el punto de vista de su personalidad.

En lo personal, no quiero referirme al trabajo de los árbitros en su aplicación de las reglas, sino a su forma de actuar al momento de aplicarlas. En los últimos partidos de la Liga Nacional he estado observando el comportamiento de algunos de ellos dentro del terreno de juego y me parece que están pecando de prepotentes. Piensan que el tener un pito y tarjetas dentro de la cancha les da el derecho a irrespetar a los demás protagonistas.

Por ejemplo, Raúl Castro, en el partido Real España contra Olimpia, a los 25 minutos ya tenía 15 amonestados y mostraba las tarjetas con soberbia, en vez de calmar los ánimos más bien los alteraba. Recuerdo a árbitros como Argelio Sabillón que siempre terminaba los juegos con los 22 en el campo, porque sabía manejar los partidos, en el primer tiempo guardaba las tarjetas y hablaba con el futbolista.

Algunos, hasta para dar por iniciado el encuentro, levantan el brazo y dan la señal de mover la pelota con prepotencia, como lo hizo Sady Martínez en el juego Victoria- Savio. Y no digamos el papelón que hizo Armando Castro en el clásico sampedrano, donde no permitía que lo tocaran ni con el pétalo de una rosa.

En el extranjero, los árbitros son amigos de los futbolistas. Hablan con ellos e incluso muchas veces les ayudan a levantarse de la cancha y en ocasiones hasta los atienden cuando están lesionados. Un ejemplo de humildad para que aprendan los árbitros nuestros, a quienes la prepotencia los está llevando a cometer grandes errores.

Héctor Orellana
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