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Boxeo

Campeona de boxeo increpa a su violador

“¿Qué te atrajo a mí? ¿Fue mi ternura, mi inocencia? ¿La sonrisa que Dios me dio? ¿Qué te atrajo a mí? ¿Fue mi cabello, mi dulce voz, mi manera de reír? ¡Respóndeme inútil!”, dice, con voz bajita, Jennifer frente a la cámara de un teléfono celular. “¿Qué te atrajo a mí? Era sólo una niña, quería sólo jugar. ¿Qué esperabas?, ¡por Dios!, tenía cinco años de edad. Eres un patán y tu día llegará”.
boxeoMantiene el tono suave, pero endurece el mensaje: “¿Sabes cuánto deseo hacerte lo que me hiciste y mucho más? Escupirte, patearte, escucharte gritar, tatuarte en el rostro ‘soy un criminal’. Ladrón, asesino, animal, violador. ¡Maldito seas, hombre con poco valor!”. Jennifer Salinas y sus dolorosos recuerdos. Punzantes sensaciones. La de sentirse “quemada por dentro”.
Pero nunca como aquella noche del 14 de febrero. La boxeadora boliviana se fue a la cama con su esposo, pero no pudo hacer el amor porque, en la oscuridad, lo único que brillaba era la cara de Raúl, su violador.
Han pasado 22 años desde que fue abusada sexualmente. Era, como dice en un video que subió a su página de Facebook, apenas una niña de cinco años.
Jennifer fue recibida por el presidente Evo Morales. Ovacionada por un pueblo entero al alcanzar la categoría de campeona mundial. Diez mil personas se dieron cita en el estadio Ramón Tahiuchi Aguilera de Santa Cruz, Bolivia, en noviembre de 2013, para apoyar a su heroína -mejor conocida como La Reina Boliviana- en la velada en la que conquistó el título supergallo de la Federación Mundial de Boxeo (FMB).
“Gracias [Raúl]. Gracias por dejar una huella en mi memoria ya que, gracias a ti, pude alcanzar la gloria. ¿Qué piensas ahora cuando me miras en la tele, en revistas, en periódicos, motivando a las mujeres? ¿Te atraigo aún? ¿Te gusta lo que ves?”, sigue en el retador video….
“Palabras a mi violador”
Unas horas después del frustrado encuentro sexual con su marido, Jennifer tomó su celular y se grabó en ese monólogo que tituló: ‘Palabras a mi violador’, un discurso en el que encara, reta y hasta le agradece a Raúl -uno de los dos hombres que abusaron sexualmente de ella-.
Cerca de tres mil personas le dieron “me gusta” a la publicación en Facebook. Otras dos mil 486 compartieron el enlace y los comentarios al respecto no terminan, además de varios mensajes directos en los que otras mujeres violadas le comparten sus experiencias.
Alguien más subió el video a Youtube y las reproducciones llegaron a 60 mil en menos de 10 días.
“Yo viví muchos años con ese dolor. Soy víctima de abuso sexual. Por ello tengo composiciones propias en donde trato de desahogarme por medio de la música. Además soy campeona mundial de boxeo. Mis entrenamientos y la razón por la que empecé a boxear fue a raíz de ese abuso. Estaba buscando una salida”, dice Jennifer a EL UNIVERSAL de México
Sombras amargas
Dos trabajadores de la familia empezaron a abusar de ella sexualmente cuando tenía cinco años de edad. Uno ya falleció. El otro sigue impune y libre por las calles.
“¿Te acuerdas lo que me hiciste”, menciona en el hoy viral video. “¿Lo tensa que me pusiste. Mis piernitas tan apretadas y sin embargo, tú seguiste?”.
Los abusos se daban fuera de su casa, cuando se encontraba en el hogar de sus primos, a quienes visitaba regularmente.
“Había uno que me hacía mucho daño y ese era Raúl, que me provocaba un dolor físico enorme y no le importaba mi sufrimiento. No le importaba si yo estaba mojada o no. Disculpa que te lo diga así, pero es el tema”, recuerda Salinas.
“Son cosas de mi niñez… sentí vergüenza, humillación y culpabilidad, porque no había hablado desde un principio. Al repetirse el abuso, en mi mente me convencía de que era mi culpa que esto pasara. Pero tenía cinco añitos y los abusos terminaron a eso de los nueve. Por eso no entendía lo que me estaba pasando. No le conté a nadie. A mis 16 años fue que mi madre leyó mi diario y ahí empezó a darse cuenta de todo lo que me había pasado”, relata vía telefónica, desde su natal Bolivia.
En su imaginación infantil, la boxeadora catalogaba a sus agresores como “el buen violador” y “el mal violador”. Creía que ella, por no denunciarlos, era la culpable de ser agredida reiteradamente. El silencio era su refugio.
Debido al divorcio de sus padres, viajó en su adolescencia a Michigan, junto a su madre, de nacionalidad estadounidense. A la par de su crecimiento empezaron también los recuerdos amargos y el sentimiento de no querer vivir más.
“Tenía muchísimas fantasías e ilusiones de cómo me iba a matar, empezando desde ir rápido en mi auto y girar en un segundo a la derecha para ver si moría, pero no quería que me doliera. Otra manera era tomar pastillas y eso sí lo hice. Una vez ingerí entre 28 y 30 antidepresivos. Terminé en el hospital, me intervinieron en el estómago y estuve internada dos días.
“Siempre pensé en maneras de matarme desde que me di cuenta de la seriedad de la situación del abuso que sufrí. Me di cuenta que los demonios no dejaban de seguirme. Fueron años muy negativos en mi vida. Hasta hace poco la depresión iba y venía constantemente. Desde lo del video y todo lo que ha pasado, me he sentido mucho mejor”, agrega.
Además de la música, Salinas encontró en el boxeo otra válvula para canalizar su furia. Arriba de los encordados daba la “pelea que no pude dar antes”.
“Empecé a boxear y eso me ayudó muchísimo a tratar de distraer mi mente, mi energía, mi espíritu en algo más y no en esos recuerdos. Eventualmente empecé a ganar campeonatos, me volví boxeadora profesional y, con los años, gracias a Dios, pude ser campeona de la FMB el año pasado”, resalta.
Ahora puede defenderse por sí misma. En la otra esquina está una rival, pero ella sólo ve a Raúl.
Raúl Zelaya, el abusador
El video en la red social tuvo reacciones insospechadas. Algunos violadores le escribieron para pedir perdón. Otros juraron que jamás lo volverían hacer.
Muchos le exigieron más datos de su violador. Salinas tenía una foto de Raúl, que consiguió en el perfil de Facebook de la hija de su agresor, quien hasta entonces vivía en paz.
“Momentos después ‘colgué’ la imagen, sin compartir el apellido, porque creo que era mucha información en tan poco tiempo. Pero me pude sentir bien al saber que él ya estaba pagando lo que me hizo, poco a poco. Empezando con la carta, después la fotografía con su primer nombre y ahora ya es conocida su identidad: Raúl Zelaya”, asegura.
Entonces, alguien lo reconoció y dijo que se trataba de su vecino en Santa Cruz, Bolivia. Ahí, después de la difusión en medios bolivianos que tuvo el video de Jennifer, aparecieron otras niñas abusadas por el mismo violador, entre los que se encuentra una pequeña de ocho años.
Según el abogado Wilker Hinojosa, es difícil que proceda una denuncia de la boxeadora, porque han pasado 22 años de la primera violación y, según las leyes bolivianas, no deben pasar más de ocho años para que proceda con eficacia una acusación así. Pero Salinas no está interesada en una denuncia.
“Lentamente está pagando por lo que me hizo. No sólo a mí, sino a otros también. Está entendiendo la gravedad del daño que causó a otros niños, porque ahora están empezando a hablar más víctimas”.
Raúl huyó. Antes, un medio local pudo contactarlo vía telefónica y negó todas las acusaciones. Pidió hablar sólo por medio de un abogado.
“Liberada, esa es la palabra. Ahora le puedo hacer el amor a mi esposo. Algo que no podía hacer desde hace mucho tiempo. Te hablo con mucha confianza y al desnudo, porque es así la ‘sanación’. No creo que llegue a perdonarlo, pero ese trauma, especialmente en el momento de la intimidad con mi pareja, era una pesadilla, porque realmente no podía dejar de pensar en él, sentía que nuevamente me estaba pasando el abuso. No eran momentos agradables cuando quería tener intimidad con mi esposo”, comparte.
Poco a poco se han disipado los recuerdos amargos. Uno de sus planes es crear una fundación que ayude a las mujeres violadas. Nuevos bríos de una boxeadora que asegura haberse levantado de la lona después de permanecer derrotada durante años. Ahora se siente vencedora.
ALEJANDRO RODRÍGUEZ (EL UNIVERSAL, MÉXICO)
GDA

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