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Fútbol Nacional

Motagua sin pies ni cabeza

La crisis parece haber llegado a Motagua para quedarse. En el seno del Azul Profundo existe un enorme sentimiento de desesperanza, y hoy parece más un barco a la deriva que un equipo grande del fútbol hondureño.

Pero la crisis, me atrevo a afirmar, es más bien el efecto  y no causa. Y esta idea es perfectamente sustentable, porque desde hace algún tiempo las decisiones que se toman en Motagua no son las más acertadas.

La directiva parece no tener claro el rumbo que pretende darle a la institución. No se sabe si es un equipo formador de talentos, uno comprador de grandes estrellas o una combinación de juventud y experiencia. De igual forma, ninguno de los tres modelos (en caso de haber pretendido implementarlos) les ha funcionado.

La decisión de traer a Ramón Maradiaga parecía la más acertada en primera instancia: es el técnico más laureado en la historia motagüense, es quizás el mejor de Honduras y conoce la interna del Ciclón mejor que nadie.

Lo cierto es que los resultados indican lo contrario. Lo que no tuvieron en cuenta los directivos Azules, es que desde 1996, Ramón Maradiaga ha dirigido ininterrumpidamente, alternando estos años con éxitos y fracasos.

Tras 14 años de desgaste, pienso que “Primi” debió tomarse al menos un semestre de descanso y dejar que Juan de Dios Castillo terminara de desarrollar su idea, sobre todo cuando el equipo bajo su dirección jugaba tan bien.

Y es que en Motagua no se respetan los procesos ni los proyectos, eso no es novedad; muestra de ello es que no ha tenido un cuadro base en todo el torneo. Los extranjeros llegaron como solución y acabaron “cortándolos” a todos y los jóvenes debutantes no han podido solidificarse en primera.

Se han ido futbolistas de categoría y han sido sustituidos con elementos de calidad inferior, lo cual ha hecho que poco a poco se vayan llenando de jugadores “normalitos”, situación que discrepa con la categoría y rica historia del conjunto capitalino.

Motagua se ha equivocado a todo nivel, y eso hace que hoy lo esté pagando caro con la novena posición que ocupa. Lo más triste es que toda su masa de aficionado sigue sufriendo… esta vez como nunca antes, viendo a su amada “Águila” sin pies, cabeza ni alas.

Es por ellos; por esos que se quedan sin comer para ir al estadio, que deben todos cerrar filas y unirse como un puño apretado para sacarlo de la bochornosa situación en que se encuentra, sumido en una crisis institucional y, como consecuencia, en una deportiva.

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