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Fútbol Nacional

Las reservas son el futuro del fútbol hondureño

TEGUCIGALPA.- Ni “Demonio” ni “Balín”. Eduardo Bennett se ganó en sus casi 20 años de carrera, la reputación de hombre gol y estableció un romance continuo con las redes, independientemente del país en el que le tocó jugar.

Bennett habló de todo un poco en su visita a LA TRIBUNA

Tanto así, que el ceibeño antes de irse para Argentina en 1993, metió 12 goles en una sola vuelta y nadie pudo alcanzarlo. Y es que los goleadores son así: viven y mueren por el gol.

Ahora, en el retiro, Bennett se dedica a entrenar a las reservas de Necaxa, club en el que jugó en la última etapa de su carrera y el cual le ha dado la oportunidad de dar sus primeros pasos en este nuevo emprendimiento.

Conoce el fútbol desde adentro como pocos, pero prefiere ir paso a paso y no correr, en una carrera que no acepta errores. Así que ahora, en lugar de meter los goles, les explica a sus dirigidos cómo anotarlos y evitarlos.

¿Podría hablarme de sus orígenes?
Tengo nombre de césares, emperadores; Bennett es el apellido de mi madre. Nací en La Ceiba pero me vine a vivir a Tegucigalpa joven, he pasado la mayor parte de mi vida y me siento capitalino, aunque a mucha gente le enoja que lo diga.

A su esposa, ¿cómo la conoció?
Cuando volví de México, cuando me regresé seguimos en comunicación por teléfono y luego tomamos la decisión de casarnos. No creo en la química, pero había deseo de tener un compromiso juntos. Yo baso todo en la decisión y hacia dónde apuntas a llegar.

Al fútbol profesional, ¿cómo llega?
Mi tío fue Nilmo Edwards y ya traía el fútbol en la sangre. Me formé en las inferiores de Victoria y, cuando vine a Tegucigalpa a los catorce años, sólo jugaba potras en el colegio. Elio Banegas me quiso llevar a Motagua pero ellos ya tenían a su gente; así que me decidí a jugar con Curacao. Yo trabajaba entonces, y luego me iba a entrenar a Las Brisas.

¿En  qué trabajaba?
Era maestro empírico del Hogar Amor y Esperanza en la colonia La Vega, en cuyo instituto jugué.

De la Curacao a México, ¿es así?
Correcto, Los Cobras de Ciudad Juárez se fijaron en mí y me contrataron.

El “Balín” no cambia, sigue con la energía e ímpetu de siempre.

Mito o verdad: ¿es cierto que en México una muchacha lo tocó, y luego se vio la mano para ver si su color era real?
Es real, me pasó en Torreón: nos dieron libre al siguiente día del juego porque de allí viajábamos hacia Monterrey. Fuimos a una tienda y me quedaban viendo unas muchachas; una de ellas se acercó y me pasó la mano sobre el brazo. Yo me pregunté ¿y esta qué ondas? Luego de dos frotadas más, llamó a la amiga y le dijo: “Lupe, mira, el negro no mancha”. Ja, ja, ja.

En 1993 llega a Argentina, a San Lorenzo, ¿le molestó que de entrada le llamaran “El Negro” Bennett?
Yo siempre estuve clarito, esas cosas nunca me afectaron. Argentina no tiene una sola raza o grupo étnico, es una mezcla enorme de italianos, españoles, rusos, alemanes, polacos y de todo un poco… bendito Buenos Aires querido.

¿Quién lo lleva al Río de la Plata?
Rubén Sosa, un futbolista que entonces jugaba en Petrotela. Él arregló que yo fuera a prueba.

Había llegado a uno de los Cinco Grandes del fútbol argentino, ¿se daba cuenta de eso?
A veces no me fijo en lo que hago, sólo lo disfruto; es como quien mira para abajo cuando va escalando, se puede marear.

Debut soñado, ¿no?
Y qué te parece, ganamos 1-0 a Mandiyú con gol mío, pero en ese partido también recibí una gran lección: al marcarlo me fui a colgar de la malla y al ver para atrás estaba más solo que un perro; mis compañeros luego me dijeron que si volvía a hacerlo, íbamos a ver quién me iba a seguir dando pases de gol, me enseñaron que esto es trabajo de equipo y que el mérito es de todos.

¿Qué se siente marcarle un gol a Boca en La Bombonera?
Yo no sentí nada, si tu aspiras a cosas grandes la visión está más allá. Si te ponés a pensar en lo que pasó te perdés lo que viene hacia el frente.

Marcelo Tinelli (Videomatch) es hincha de San Lorenzo, ¿le hizo alguna “bromita” a usted?
 Varias, pero la que más recuerdo es una que hicimos en el Subte (metro) de la línea A; tenía que disfrazarme de la policía o de ladrón, lo recuerdo, pero fue muy divertido porque todo mundo me miraba.

Con su hermano Eduardo, en un Curacao-Victoria.

Paulo Silas, ¿qué significó en su vida?
La persona que me ayudó en el aspecto espiritual que me ayudó a reafirmar mi compromiso con Dios. Desafortunadamente mantenemos poco contacto porque yo no pienso mucho en lo que quedó atrás, porque cuando los contacto por internet los extraño más y no estoy para ponerme sensible.

¿Ha sentido que recibió mejor trato en Argentina que en Honduras?
 Sí, lo atribuyo a la forma de ser de las personas; además al hecho que Dios puso a esas personas en mi camino para cumplir su propósito.

Ese agónico título del Clausura 1995, ¿cómo lo vivió?
Tenía el corazón en la mano, en la última fecha necesitábamos ganar y que perdiera Gimnasia con Independiente. Los dos resultados se dieron y fuimos campeones, me puse muy contento por la gente, porque hacía 21 años que San Lorenzo no era campeón; incluso nos hicieron una placa de reconocimiento en el estadio.

¿Recuerda su frustrado traspaso al Albacete de España?
Sí, fue debido a una rotura del cruzado. El médico que me operó en Argentina me dijo que no era necesario operarme por la masa muscular que tenía, por eso no pasé la revisión en España. No digo que no me afectó, pero lo manejé con naturalidad. Cuando me fui había cien personas despidiéndome, cuando volví no había nadie para recibirme.

Su relación con su hermano Jorge, “La Bala”, ¿qué tal es?
Es buena, aunque yo lo llamo “el fantasma”, porque a veces se pierde. Lo amo y lo respeto por ser mi hermano y siempre paso pendiente de él, vive en La Ceiba.

Con su San Lorenzo querido, con el que salió campeón en 1995.

¿Dónde sacó su diploma de técnico?
En Argentina, pero no me lo quisieron validar acá y me tocó sacar de nuevo el curso.

Eduardo Bennett, ¿qué clase de técnico es?
Un poco de todo, trato de mantener un equilibrio y tratarlos a todos de acuerdo a las circunstancias.

Su referente como técnico, ¿quién es?
Ramón Maradiaga; aunque también me gustan cosas de Nahum Espinoza y el profesor Chelato.

¿Por qué no aceptó la oferta de dirigir a Deportes Savio?
No llegamos a hablar de lo económico, es sólo que no me convenció el proyecto que proponían en ese momento.
El torneo de Reservas, ¿es la decisión más acertada del fútbol hondureño en los últimos años?
Sí, pero hay que darle continuidad y no dejar de realizarlo nunca más.

¿Le interesa dirigir selecciones menores?
Claro,  pero aún no me han ofrecido nada.

Esta es una época de recambio, ¿Qué le espera al fútbol hondureño?
Esto nos obliga a trabajar más en las divisiones inferiores, aún no le entendemos al trámite de las reservas. Si trabajamos con los jóvenes, en cuatro años vamos a tener más jugadores en el exterior que cualquier otro país del área.

Confía en que si se trabaja el talento joven, no se extrañará tanto a los históricos
Por: Rudy Urbina

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