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Uruguay vuelve a la flor y nata del fútbol

PORT ELIZABETH, (AFP) – Uruguay, finalmente a un paso del simbólico ‘bronce’, celebró al menos en Sudáfrica su regreso a la flor y nata del fútbol, ubicada entre las cuatro mejores selecciones del mundo, a puro coraje, talento y espíritu de sacrificio.

“Estamos en una fiesta en la que no fuimos invitados”, fue la frase que hizo popular el entrenador de Celeste, ‘El Maestro Óscar Tabárez, con la intención de ilustrar que la campaña uruguaya no figuraba en los planes de la mayoría.

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Tuvieron que pasar 40 años para que el seleccionado de la orilla oriental del Río de la Plata volviera a ocupar un sitio en la elite mundialista, desde el cuarto puesto que logró en México-1970.

Igualó la hazaña en tierra africana, al alcanzar el cuarto puesto, tras ser derrotada de nuevo por Alemania 3-2, como sucedió en México-1970 (1-0).

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Sesenta años pasaron, también, desde la última vez que ganó la Copa, con aquel legendario ‘Maracanazo’, una victoria por 2-1 contra Brasil, tras remontar un 1-0 desfavorable, ante 200.000 personas en el recién estrenado estadio de Rio de Janeiro.

Y 80 años de aquella primera Copa del Mundo, saboteada por naciones europeas, pero que consolidó la calidad de potencia futbolística que tenía Uruguay, que venció a Argentina 4-2 en la final.

Era la tercera coronación de la Celeste a nivel internacional en seis años, luego de ganar las medallas de oro en los Juegos Olímpicos de París-1924 y Ámsterdam-1928.

“Hemos demostrado que es posible, no digo que meternos en el grupo de las potencias, pero si tener un equipo competitivo, que sea difícil de enfrentar para cualquiera (…) que merezca el reconocimiento por su corrección, por apostar a futbolistas jóvenes”, analizó Tabárez.

Más que expresarse con modestia, lo que hizo el seleccionador es intentar un análisis realista, debido a que las naciones latinoamericanas, con la relativa excepción de Brasil, están sumergidas en el subdesarrollo, a nivel futbolístico y en otros aspectos también.

“La migración de futbolistas (…) debilita a las ligas tercermundistas y hace que sus medios internos sean poco significativos. Es casi utópico hablar de un predominio (latinoamericano y uruguayo) en el futuro (…) Hay tres de esas potencias (europeas) en las finales”, reflexionó el orientador.

Pero una de las razones por cuales el fútbol es lo que es, un fenómeno global que salta las fronteras y apasiona a miles de millones de seres, es porque permite la igualdad y la equivalencia donde no la hay en el fondo.
 
¿Acaso puede empatarle Uruguay-nación a Francia-nación? Sólo en el deporte, en este caso en el fútbol y sin goles, en un partido en el que si ganaba la Celeste nadie iba a escandalizarse.

Y del mismo modo, puede suceder con el balompié -o con algún otro deporte masivo- que Uruguay le gane a México 1-0 y a la emergente Sudáfrica golearla por 3-0, en un ‘Pretoriazo’ histórico que acalló a las insufribles vuvuzelas, los trompetines que rompieron los oídos y la paciencia durante el Mundial.

En el fútbol es viable que Uruguay, con sus 3,5 millones de habitantes, pueda vencer a Corea del Sur, hasta no hace mucho uno de los ‘tigres asiáticos’ por 2-1 y después batir a Ghana 4-2 en penales, tras igualar 1-1.

No es un resultado que refleje las potencialidades nacionales el ajustado 3-2 con que la venció Holanda en semifinales, porque si sólo fuera por tamaño y estado de desarrollo, todos los latinoamericanos, no sólo Uruguay, deberían perder por terribles goleadas.

En un cuento del fallecido historietista, humorista y escritor argentino Roberto Fontanarrosa, un equipo de un campeonato amateur integrado por gente de clase media se interroga por qué siempre pierden cuando juegan contra una escuadra de un asentamiento de la periferia.

Uno de ellos responde la pregunta, en tono filosófico, que la gente de las llamadas ‘villa miseria’ o ‘cantegril’ o ‘favela’, en el único momento en que pueden ganar es al fútbol, en el resto están perdidos, y por eso se juegan la vida en el lance.

La riqueza, entonces, fue futbolística, en el talento y el liderazgo de Diego Forlán, el oportunismo y profundidad de Luis Suárez, la jerarquía en el arco de Fernando Muslera, la fortaleza de Diego Lugano y Jorge Fucile, sumados al sacrificio conmovedor de Egidio Arévalo Ríos y Diego Pérez.

“Hay un efecto en el pueblo uruguayo de lo que hizo el equipo, sobre todo en los niños y los jóvenes de 30 años que nunca habían visto estas cosas (…)”, dijo Tabárez, al explicar un fenómeno que despertó euforia en la pequeña nación latinoamericana, que con valentía retornó a la flor y nata.

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