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Fútbol Nacional

Mea culpa

Se terminó el Mundial de Sudáfrica para la selección hondureña, es hora de hacer una fuerte autocrítica; no sólo del desempeño en la Copa del Mundo, sino también de todo el proceso.

¿Aciertos?, claro que los hubo. ¿Errores?, ni digamos. Tras el fin de este ciclo que comenzó en el 2007, es necesario hacer una minuciosa revisión en todo aspecto, ya que, como dice el dicho, “un pueblo que olvida sus errores, está condenado a volver a cometerlos”. No hay duda que hay aspectos torales que deben ser analizados, a continuación encontrarán algunos:

Financiero/administrativo: La gestión de Callejas ha sido exitosa en cuanto a la recaudación de fondos, ya que es una de las pocas personas capaces de generar tanto dinero para mantener una estructura tan cara como la de la Fenafuth y de sus diversas selecciones.

Lo malo es que nunca rindieron un solo informe sobre la liquidación de las taquillas de los partidos que jugó Honduras como local, situación que no sólo ofrece una muestra clara de desorganización, sino que también genera suspicacias innecesarias, en un país regido por la “cultura de la desconfianza”.

 Logros: Honduras  materializó su propósito tras 28 años de frustraciones: se clasificó nuevamente a una Copa del Mundo y le brindó así una alegría inusitada a millones de hondureños.

Eso debería bastar para aprobarlo en esta área, pero siendo un poco más exigentes, nos daremos cuenta que no es suficiente. Honduras no ganó nada. Participó en dos Copas de Oro, una Copa de Naciones (como local) y la eliminatoria (tercer lugar).

La selección no gano nada. Consiguió lo más importante, que era el pase al Mundial (no discutiremos acerca del factor fortuna en esta ocasión), pero no levantó ninguna copa. Si se supone que hacemos una fuerte autocrítica, eso debería contar.

Futbolístico: Cada vez que Honduras jugó como local, fue un equipo que metía miedo a sus rivales, porque lo avasallaba desde el pitazo inicial hasta el final, lo atacaba por todos los costados y acababa desgastándolos física y mentalmente. Exceptuando el juego ante Estados Unidos, lo de Honduras fue sobresaliente por donde se lo vea.

El problema es que, cada vez que a la bicolor le tocó salir de su reducto de San Pedro Sula, se vio como un equipito, con una propuesta ofensiva muy pobre que a nadie satisfizo y, a final de cuentas, el resultado que trajo casi siempre fue el mismo: una derrota. En fin, nunca encontró el equilibrio entre ser local y visitante.

He decidido hacer esta evaluación a partir de los factores que considero más importantes, pero hay muchos más. La calificación (si es que hay que ponerle una), sería satisfactoria, pero con lo justo, sin brillantez. O lo que sería lo mismo: pasamos de “panzazo”.

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