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Domenech entierra a Francia

Pretoria. (EFE).- Raymond Domenech ha acabado por enterrar a Francia, un destino que se veía venir en un equipo roto, destrozado por la falta de personalidad, alejado de su público por la falta de juego, abandonado por la prensa, por la ausencia de estrellas y a punto de quedar eliminado del Mundial de Sudáfrica.

Raymond Domenech ha acabado por enterrar a Francia, un destino que se veía venir en un equipo roto, destrozado por la falta de personalidad.

La derrota ante México deja a los “bleus” pendientes de un milagro. No sólo necesitan que Uruguay y México no empaten -resultado que vale a los dos equipos latinos para clasificarse para octavos de final- sino que, además, tienen que golear a Sudáfrica, la voluntariosa anfitriona que no querrá dejar “su” Mundial recibiendo una lluvia de goles.

La mala imagen que ha dejado Francia en Sudáfrica no invita a pensar que esa goleada sea posible. Los de Domenech llevan tres partidos consecutivos sin marcar un gol, el último lo consiguió William Gallas ante Túnez y sólo sirvió para igualar el marcador ante los magrebíes.

Desde entonces, el debate sobre la ineficacia ofensiva de los “bleus” ha rondado la concentración y se ha sumado a toda una avalancha de críticas que han terminado por atenazar al equipo.

El seleccionador protagonizó una tormentosa fase de clasificación que se resolvió en el último instante y con polémica por la clara mano de Thierry Henry que sirvió a los galos para marcar el gol de la victoria en la prórroga del segundo partido de la repesca contra Irlanda.

Una clasificación lograda por la puerta de atrás, sin ningún brillo, y que dejó patente el distanciamiento entre el público y la selección, en particular su seleccionador, constantemente silbado en los campos de Francia que recorrió el equipo.

El divorcio fue tan grande que la propia Federación Francesa de Fútbol (FFF) se vio en la obligación de anunciar que Domenech no seguiría después del Mundial, un anuncio que aplacó algo los ánimos.

Incluso llegaron a señalar a su sustituto, el ex internacional Laurent Blanc, una decisión poco acertada que no contribuyó a aportar calma al grupo.

En ese ambiente, Francia llegó a Sudáfrica con poca confianza y un grupo desunido, con desavenencias internas, sin un sistema de juego engrasado y sin la nómina de estrellas que le habían permitido cuatro años antes alcanzar la final en Alemania.

La generación de Zinedine Zidane tenía más talla que la actual y, de la mano del campeón del mundo del 98, Francia se sobrepuso al mal ambiente que reinaba en el grupo, dio un golpe de Estado contra el seleccionador y logró reconducir al equipo, que fue escalando peldaños hasta la final.

Domenech aparece como el villano de una historia de terror y así se lo ha recordado la prensa francesa, que no ha perdido la ocasión de reprocharle su soberbia.

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